The New York Review of Books, Timothy Snyder: El Holocausto lógico de Hitler
En The New York Review of Books, el historiador Timothy Snyder propone, sobre la reseña de un conjunto de libros, una extraordinaria narrativa del Holocausto. Siguiendo a Donald Bloxham, en The final solution: a Genocide, podría decirse que el Holocausto habría sido la peor consecuencia del colapso de la primera globalización. Un colapso en tres etapas: Primera Guerra Mundial, Gran Depresión, Segunda Guerra Mundial. Dos movimientos opuestos se habrían manifestado al principio: uno globalizador, y otro nacionalista-agrario, manifestado en las dos Guerras Balcánicas libradas por los nacientes estados-naciones de la península contra el Imperio Otomano. Los líderes balcánicos encontraron conveniente seguir el siguiente patrón: liberar a sus connacionales al otro lado de la montaña, incorporar su territorio y así incrementar su base impositiva. La Primera Guerra Mundial pudiera tomarse como una Tercera Guerra Balcánica (esta vez contra el Imperio Austro-Húngaro), que acabó con el comercio mundial y llevó al empobrecimiento generalizado de Europa. El modelo balcánico de establecer estados-nación fue adoptado en Turquía y supuso el asesinato en masa de más de un millón de armenios. La combinación de nacionalismo y agrarismo también impresionó a Adolf Hitler, quien la alabaría en Mein Kampf. Snyder no lo dice abiertamente, pero habiendo sido todas, en cierta forma, guerras étnicas, no podían sino llevar al asesinato en masa. De ahí el título de su artículo: El holocausto lógico de Hitler.
Para Hitler, los judíos fueron los culpables de la derrota en 1918, del capitalismo financiero, la hiperinflación, el comunismo-bolchevismo, y promovían los “falsos” universalismos liberal y comunista, “que impedían a los alemanes vislumbrar su destino especial”. La resurrección alemana por él planteada habría sido una reedición del modelo balcánico. La Alemania nazi procedió a anexar Austria y desmembrar Checoslovaquia. Al final, precipitó el Holocausto.
Pero la destrucción de estos Estados fue el ensayo para un proyecto mayor de colonización racial hacia el Este. La lectura de Edouard Husson y su libro Heydrich et la solution finale, sobre Reinhard Heydrich, el lugarteniente de Himmler, sugiere que en la Alemania nazi el Estado dejó de monopolizar la violencia para transformarse en emprendedor y movilizador de la misma. Allí donde el Estado tuvo instituciones más fuertes, los nazis encontraron mayores dificultades para imponer el asesinato en masa. Así fue en la misma Alemania e incluso en Polonia, donde debido a la resistencia polaca los nazis aniquilaron sistemáticamente a su élite, y asesinaron a un millón de polacos no judíos (Auschwitz fue creado como campo de concentración para polacos). Pero nunca pudieron sofocar la resistencia. Hitler siempre quiso eliminar a los judíos de los territorios del Reich. Al principio, pensó en deportarlos a Madagascar. No resultó viable. Además, ningún estado importante estuvo dispuesto a acogerles. Los judíos de Polonia fueron confinados a guetos, humillados, privados de sus bienes. Murieron de hambre y de mengua, pero todavía esto no era un holocausto.
Fue en los territorios cuyas instituciones resultaron destruidas por la ocupación soviética en la misma guerra, y vueltas a destruir por la ocupación alemana al invadir la URSS: el Este de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, “en esta zona de doble destrucción del Estado”, precisa Snyder, “que los alemanes comenzaron, por primera vez, a organizar el asesinato de judíos en gran escala”. “Emprendedores de la violencia” como Heydrich encontraron aquí el suficiente margen para maniobrar. El proceso fue llevado a cabo por las Einsatztruppen de la SS, punta de lanza de la institucionalidad paralela nazi. Especialmente en Lituania, con la participación de un número significativo de antiguos colaboradores pro soviéticos. Snyder escribe este párrafo escalofriante: “Bloxham está de acuerdo en que para el régimen de Hitler, la colaboración temprana de los locales en el asesinato en masa de judíos “señaló lo que era posible”. Deportarlos había probado ser imposible. Lo que era posible era matarlos donde vivían. Esto era un Holocausto”. En el Este, por fusilamientos; en el Oeste, mediante las cámaras de gas.
Estudios realizados en Polonia destacan el fenómeno de la “doble colaboración” concomitante a la “doble ocupación”, primero soviética y luego nazi. También, que los polacos involucrados en la matanza de judíos tenían mayor probabilidad de ingresar al partido comunista que dominó al país luego de la guerra. “La frecuencia de la doble colaboración, un corolario natural de la doble ocupación, nos obliga a controlar nuestra tendencia a explicar la violencia mediante convicciones ideológicas”, dice Snyder. (Ver también el post El corazón de las tinieblas, en el que el autor habla, además, de Ucrania y Bielorrusia).
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lunes, 4 de febrero de 2013
El colapso de la primera globalización y el Holocausto
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sábado, 24 de marzo de 2012
El cuerpo desaparece
The New York Review of
Books: la victoria
final de Tony Judt
The Paris Review: entrevista con Robert Silvers
Piauí: la desaparición de Barbara Follet
En The New York Review of Books, Jennifer Homans reseña
el proceso de creación del libro Thinking
the Twentieth Century, de su fallecido esposo, el historiador y ensayista británico
Tony Judt, quien murió en 2010 víctima de esclerosis lateral amiotrófica. Prisionero
de su cuerpo, Judt trabajó enfebrecido en esta historia del pensamiento del
siglo pasado, partiendo de conversaciones con Timothy Snyder. Perdió el control
sobre sus miembros a velocidad pasmosa, la conciencia de muerte derivando en urgencia
porque lo único cierto era el futuro, la muerte. Eso influyó en su visión de lo
político y lo hizo más radical, en el sentido que le confiere Homans: (el
libro) “vierte décadas de pensamiento y conocimiento, y días de enfermedad, en
el idealismo de toda una vida. Es un idealismo que en esas circunstancias podía
ser mantenido solo por una mente ferozmente disciplinada, y a gran costo
personal. No quiero decir con esto que Tony creyera en una sociedad ideal. Su
único idealismo era la seriedad en el debate público”. Para Judt esta es una era
del miedo, y la explotación del mismo con fines políticos, como sucedió con el
11 de septiembre, es el mayor abuso ético.
The Paris Review presenta una
entrevista realizada en Shakespeare & Co con Robert Silvers, quien
fuera editor de la revista en los años
50, y luego editor-fundador de The New
York Review of Books. Mientras trabajaba en Harper’s, Silvers publicó un artículo de Elisabeth Hardwick que trataba
la decadencia de la reseña literaria, calificándola de gris, anodina, y pobre
en lo literario. El artículo provocó cierto revuelo. Pero una nueva revista de
libros no conseguiría anunciantes, se dijo. Entonces la New York Times Book Review tuvo que pararse por una huelga de
tipógrafos en el periódico que duró tres meses. Las editoriales no sabían qué
hacer, los libros se editaban y no había dónde publicitarlos. Era el momento de
salir; el primer número vendió 100 mil ejemplares. Más que reseñas, se trataba
de ensayos sobre los libros, provocadores e interesantes, hechos por los
mejores escritores del momento. Durante las guerras de Vietnam e Iraq, la
revista estuvo a contracorriente de la opinión prevaleciente. Dio la noticia de
los memorandos de Downing Street.
La revista Piauí entrega
la historia de Barbara Follet, niña prodigio de la literatura
norteamericana. Su padre fue su mentor; la máquina de escribir, su compañero
ideal, permitiéndole desencadenar sus pensamientos sin aún poseer la
coordinación necesaria para manejar el lápiz. The House Without Windows, la historia de una niña que se aventura
y desaparece en el bosque, se publica cuando tiene 12 años y la aclamación es
general. Se enrola en un barco maderero y luego escribe The Voyage of the Norman D, confirmando al público que ya no era
una niña, sino una autora. En esa plenitud, su padre destruye el idilio familiar
(así lo percibía ella) y se marcha con una mujer más joven. Comienzan las
penurias para Bárbara y su madre. A los 16 años, trabaja como mecanógrafa y
taquígrafa en Nueva York: sus sueños “están muriendo bajo las aceradas
jabalinas y flechas de un mundo de Tiempo y Dinero”. Escribe su novela Lost Island, sobre una pareja arrastrada
a una isla desierta; al ser rescatados, la mujer no quiere regresar. Barbara se
casa con un amante de la naturaleza, Nickerson Rogers, quien se enamora de otra.
Luego de una pelea, a los 26 años de edad, Barbara desapareció para siempre. Ninfa
del bosque, abandonada por los dos hombres en quienes confió. Sus manuscritos son
la lectura más triste de toda la literatura americana. El artículo
original puede leerse íntegro en Lapham’s
Quarterly, con el título: Vanishing Act.
viernes, 16 de marzo de 2012
Corazón de las tinieblas
Los Angeles Review of Books: Gente que come gente
Letras Libres: Timothy Snyder: Auschwitz es solo una introducción
al Holocausto.
En Los
Angeles Review of Books, Steven Shapin reseña
An Intellectual History of Cannibalism,
del filósofo rumano Catalin Avramescu, y escribe: “Eating people
is wrong. But why?” El caníbal es hoy una figura marginal, vinculada a
crímenes tortuosos, pero en otras épocas tuvo bastante importancia en la
discusión de sistemas morales y políticos. Avramescu lo rescata de los márgenes
patológicos y explica cómo fue a dar allí luego de su significancia para
duraderas tradiciones de pensamiento. Por ejemplo, la justificación del poder
soberano: si el ser humano es cruel por naturaleza, entonces hace falta un
Estado poderoso, pero si es bondadoso, es difícil justificarlo. El primer caso,
se emparenta con Thomas Hobbes, el segundo con Rousseau, que creía que el
hombre había sido vegetariano. La base de la argumentación podía darse de dos
formas: referirse a un estado natural que nadie había conocido –o decir que se
encuentra en el Nuevo Mundo. No por nada, la palabra “caníbal” deriva de “caribe”.
Pero en la discusión sobre la antropofagia entre los indígenas americanos, sostiene
Shapin, los académicos se han comido vivos durante años. El canibalismo significó
además un serio problema para la doctrina cristiana de la resurrección de la
carne. Y el escepticismo de la Ilustración respecto a la misma, fue tal vez una
señal temprana de la muerte Dios y la pérdida de importancia del caníbal. El
libro da cuenta de esta evolución.
La incertidumbre europea motiva a
Timothy Snyder para llamar
la atención en Letras Libres sobre
la historia reciente de asesinatos en masa y las distorsiones de la historiografía.
Auschwitz y el Gulag han servido para disimular la verdadera magnitud de la
catástrofe provocada por dos estados totalitarios: la Alemania nazi y la Unión
Soviética. En 1943 y 44 se registran las mayores matanzas de judíos europeos
occidentales, pero a finales de 1942, ya había muerto dos tercios de los judíos
que serían asesinados durante la guerra. Y los muertos por disparos fueron
incluso más que los de las cámaras de gas. Según Snyder “Auschwitz es solo una
introducción al Holocausto. El Holocausto es solo un indicio de las metas de
Hitler”. Auschwitz estaba en el Reich alemán y el Gulag en Siberia; el lugar de
la verdadera catástrofe quedó relegado al olvido: Europa Oriental, Polonia,
Ucrania, Bielorrusia. Más del setenta por ciento de las víctimas del holocausto
fueron judíos no occidentales. Los nazis pensaban implantar un Plan de Hambre
en la Unión Soviética que eliminaría unas 30 millones de personas en
Bielorrusia y el norte de Rusia, como parte del Generalplan Ost que acabaría en
total con 50 millones de personas. Stalin usó el hambre deliberadamente para
matar 3 millones de ucranianos. El Gran Terror sobre la capa intelectual fue
apenas una fracción del que cayó sobre los campesinos, asesinados por razones
políticas. La formulación de Snyder es que “si Europa fue, como dijera Mark
Mazower, un continente oscuro, Ucrania y Bielorrusia fueron el corazón de las
tinieblas”. Aquí, el
link al original en The New York
Review of Books. Viene con un mapa de los sitios de la muerte.
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