Lapham’s Quarterly. Politics: República y guerra tribal. Últimas Noticias. Luidig Ochoa, del delito al arte. Luidig Ochoa. Cárcel o Infierno
En el número de otoño de Lapham’s Quarterly -”Politics”-, Lewis Lapham carga en su Prefacio contra el actual estado de la democracia en EEUU, las próximas elecciones presidenciales como fondo. Los textos seleccionados para la ocasión, de muy distintas épocas, contienen “la fuerza de mente y espíritu ausentes de nuestro discurso político actual”, para el que “democracia” no sería más que el nombre antiguo de la tarjeta American Express. Según Thomas Paine, la fortaleza del gobierno y la felicidad de los gobernados provienen de la libertad de la gente común para apoyarse mutuamente, de la conjunción de todos los estamentos y oficios. Pero los founding fathers habrían compartido su desconfianza hacia la monarquía más no su fe en la gente común, y escribieron una Constitución que empleó medios aristocráticos para lograr fines democráticos. A principios del siglo XX, el presidente de Yale glosó lo que hasta entonces se había logrado: la división de Poderes de la Constitución de EEUU sería entre votantes por una parte y propietarios por la otra; la democracia de un lado, la propiedad del otro. Recién con el New Deal de FD Roosevelt se habría alcanzado ocasionalmente el espíritu de Paine; por momentos, el país pareció, como dijera Camus, el lugar en que “la simple palabra libertad hace latir más rápido los corazones”. Pero bajo el esquema reaccionario que estaría imperando desde hace 30 años, el pulso se ralenta y la sangre se congela. La concentración de poder y riqueza viene acompañada de la desconfianza en la capacidad de los ciudadanos y la construcción de un Estado policial, que se encuentra por encima de toda ley, y que deja caer en la ruina la infraestructura física que es la base del emprendimiento común. Para Lapham, sólo en el mundo fantasioso de un comercial, la democracia americana existe aún: los ciudadanos están invitados a convertir el ejercicio de ciudadanía en el arte de comprar.
Heródoto relata el debate de los siete conjurados, que derrocaron al Rey de Persia, para escoger la mejor forma de gobierno: para Otanes, el tiempo de las monarquías pasó y propone la democracia. Estado y pueblo son sinónimos, y nada hay más caprichoso que un rey, que puede hacer lo que le viene en gana. En cambio, el imperio del pueblo es la igualdad ante la ley, los magistrados son fiscalizados, y los asuntos públicos se debaten. Por su parte, Megabizo también rechaza a la monarquía pero considera que las masas no son más que una turba, por lo cual propone la oligarquía: “Sería intolerable escapar del capricho asesino de un rey para quedar atrapado en la igualmente despiadada brutalidad del populacho”. Darío comparte el rechazo al populacho pero objeta la oligarquía: provoca querellas grupales, que llevan al disenso abierto, que lleva a la violencia. Nada es superior a que el soberano sea uno solo, siempre y cuando éste sea el mejor. Sometido a votación el asunto, gana la monarquía. El futuro rey ha de ser escogido en competición entre los siete nobles. Otanes se retira, arguyendo que no desea “mandar ni ser mandado”. Darío gana la gesta, con trampa. Ni siquiera tiene que urdirla: la encarga a su palafrenero.
El número tiene varias entradas relacionadas a la igualdad de la mujer. La anarquista Emma Goldmann considera al sufragio universal el fetiche de su tiempo, y se opone al voto femenino (y al masculino). El sufragio universal es “una imposición que ha corrompido completamente al pueblo, haciéndolo presa de políticos inescrupulosos”. Si bien la mujer debe tener iguales derechos, asumir que “tendrá éxito purificando algo que no es purificable, es otorgarle poderes sobrenaturales”. La mujer es purista, su puritanismo se vanagloria de que en Colorado “los hombres de vida poluta” hayan sido alejados de la política por el voto femenino. Este logro es para Goldman terrible: “la actitud estrecha y purista de la mujer hacia la vida hace de ella un mayor peligro para la libertad, dondequiera que obtenga poder político”.
Daniel Alarcón comienza su artículo, efectivo: “Cada pabellón de la cárcel de Lurigancho está liderado por un jefe, una figura rankeada en el submundo de Lima, cuya autoridad en el pabellón es incuestionable. El pabellón siete en El Jardín, reservado a traficantes internacionales de drogas, es la excepción”. Allí hay democracia y estamos en elecciones. Dos planchas compiten. Hay promesas populistas, una terapia de schock “neoliberal” y compra de votos.
En 2007 el presidente de Kenia Mwai Kibaki, de la etnia Kikuyu, y sus partidarios se robaron las elecciones presidenciales, que habían perdido, con el antecedente de que las elecciones anteriores de 2002 y 2005 habían sido consideradas libres y limpias. Jeffrey Gettleman narra la caída de uno de los países más prósperos del África subsahariana en el lapso de una semana: “Era horriblemente claro lo que estaba sucediendo –la guerra tribal- y que un prometedor PBI o las estadísticas de alfabetización habían dejado de ser relevantes”. El Valle del Rift, que debido a su fertilidad había albergado durante años a las distintas etnias del país, pasó de ser una zona cosmopolita a epicentro de la violencia: “un hombre Kikuyu que vivía cerca de la iglesia incendiada me contó que la noche después de la elección una turba se formó a su puerta. Cuando su mujer y sus niños comenzaron a tener miedo, le dijo, no se preocupen, yo conozco a esta gente. Voy a hablar con ellos. Así que salió y le dijo a los jóvenes Kalenyin parados en el peldaño de la casa: Hola ¿qué es lo que pasa? Hemos sido amigos durante años. Pero la turba de Kalenyin lo miró fríamente y dijo hoy es hoy. Ya no eres nuestro amigo. Entonces quemaron todo lo que tenía”.
En Ultimas Noticias, Laura Weffer cuenta la historia de Luidig Ochoa: su cuerpo tiene 8 tatuajes, 15 disparos y varias puñaladas. Fue condenado a prisión en Venezuela. Su prontuario le permitió ubicarse como “lucero”, o lugarteniente de los jefes. En un cuaderno llevó un diario gráfico: Luidig sabe dibujar. Al salir, vendió su pistola para comprar una computadora y no sabía ni dónde se encendía. Ahora es el autor de una serie de animación que sube por capítulos a YouTube, llamada “Cárcel o Infierno”: tiene 7,5 millones de reproducciones y un extraordinario poder expresivo. Dice: “Tengo al loco de la ira amarrado”. La nota aparece en “Sucesos” y no en “Cultura”. Este es su canal. Aquí se muestra sólo el primer capítulo.
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=rhmM_mqKBbk&w=420&h=315]
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jueves, 1 de noviembre de 2012
Amarrando al loco de la ira
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domingo, 11 de diciembre de 2011
El difícil arte
Un día antes de firmarse en Bruselas el nuevo acuerdo para
salvar al Euro, en El País, Lluis
Bassets proclama
el fin del soberanismo en Europa, con lo que sería la mayor cesión de soberanía
desde la fundación de la Comunidad Económica en 1957. Ahora se quiere la
entrega de la política presupuestaria, “el alma política del Estado nacional”.
Pero considera que es la única forma de preservar “nuestro bienestar y nuestras
formas de vida” en una Unión Europea que funcione.
Bassets cita el artículo
de Mark Leonard, del think tank Centro
Europeo de Relaciones Exteriores. Leonard construye el artículo sobre oposiciones.
Los líderes europeos están sometidos a la tensión entre mercados globales, que
han perdido paciencia con la toma de decisiones multilaterales, y votantes, que
han perdido la paciencia con la globalización. La integración europea ha estado
determinada por dos imágenes en espejo: tecnocracia y populismo. La primera es
gerencial, gira alrededor de solucionar problemas, y su método de pequeños
pasos ha sido clave en la integración. El segundo es carismático, promueve políticas
de identidad, y sus exponentes más extremos creen que la división hoy no es
entre izquierda y derecha, sino entre globalizadores y patriotas.
Cuatro caminos habría hacia una solución. La asimilación
asimétrica, dirigida por el Consejo Europeo, que sería una forma de ir
improvisando soluciones por vía intergubernamental y no comunitaria. La
eurozona reducida, con retiro de Grecia, vía que puede resultar muy costosa,
según cálculos de UBS, sustancialmente más que una ayuda completa, y no
descarta complicaciones gravísimas. El tercero, la reescritura de los tratados:
en esta opción las posiciones varían desde una “unión de estabilidad” con
reglas y mecanismos de coerción a intentar de una vez unos “Estados Unidos de
Europa”. La cuarta posibilidad, es una Europa a dos velocidades en la que los
países de la zona euro y otros que se sumen, realizan tratados fuera de la
institucionalidad europea para luego ser incorporados (los tratados) a ella. Es
una especie de híbrido entre la primera y la tercera opción, con el riesgo de que
salvar al Euro destruya la UE. Es el camino tomado hace dos días en Bruselas, y
pasa por la cesión de soberanía.
Eurozine hace
un resumen en inglés, del artículo de Albrecht von Lucke en Blätter für deutsche und internationale Politik. Lucke
coloca la actual crisis a la sombra del dictum del “jurista del horror” Carl
Schmitt, según el cual “soberano es aquél quien decide sobre el estado de
excepción”, para describir lo que califica de la más pesada prueba a la
soberanía de los Estados europeos desde los años 30”. Sostiene Lucke que los mercados dieron un “putsch”
en Italia y Grecia. Sin embargo, la realidad es que el Parlamento italiano
convocó el tercer “governo tecnico” en su historia, y que a Papandreu lo
convenció su partido de renunciar. El uso de la palabra “putsch”, la asociación
con los años treinta y con Carl Schmitt, en suma, con el auge del fascismo,
pueden ser sugerentes, pero no parecen concluyentes, y ni siquiera justificados
en este caso.
El artículo tiene el mérito de plantear temas
importantísimos, y el defecto de diluirlos en retórica programática. Acaso una
señal de nuestros tiempos.
El mismo viernes del acuerdo europeo en Bruselas, Anselm
Kiefer firmó contrato para comprar un reactor nuclear, lo cual es una línea
consecuente desde sus inicios como artista plástico, cuando se sacaba fotos
haciendo el saludo nazi. The Guardian
publica una semblanza
con motivo de la inauguración, ese mismo día, de la exposición, Il Mistero
delle Cattedrali, sobre 11 mil pies cuadrados en la White Cube Gallery de
Londres. “El Arte es difícil. No es
entretenimiento. Cuando veo un artista nuevo me doy mucho tiempo para
reflexionar y decidir si es arte o no”, dice Kiefer. Quien compra arte no lo
entiende. Por eso le gusta el anti-arte de Damien Hirst, que subastó él mismo
sus obras en Sotheby´s el mismo día de la quiebra de Lehman Brothers por 93
millones de libras.
Dice Kiefer que los alemanes no distinguen entre la
arquitectura nazi y el arte nazi (¿Será por eso lo de Carl Schmitt?). “El arte
nazi es realmente horrible”, dice, “pero la arquitectura de los 30 no es
específicamente alemana”. Albert Speer habría sido un pésimo político pero no
un mal arquitecto, y Berlín ha debido ser reconstruida según las líneas
trazadas por Speer y Hitler. Además, han debido dejar en pié pedazos del Muro,
el pasado no puede borrarse.
Kiefer cree en una Europa de las regiones, y apoya a Angela
Merkel: “no quiere ser carismática, hace su trabajo a la antigua forma
prusiana, eso me impresiona”.
El Cultural reseña
la muestra 1812-2012 una mirada
contemporánea, para conmemorar los 200 años de la Constitución de Cádiz, la
primera de España, a quien llamamos La Pepa, con 18 propuestas a partir de
alguno de sus artículos. El dúo Democracia (Iván López y Pablo España),
presenta Ser y Durar, basada en el artículo 2: “la Nación española es libre e
independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”. En
el MEIAC de Badajoz, nueve monitores muestran varios traceurs recorriendo un
cementerio de Madrid, practicando lo que se conoce como Parkours, “el arte del
desplazamiento”. Basado en el “Metodo Natural” de entrenamiento de Georges
Hébert, el Parkours enseña a desplazarse del modo más eficiente y fluido en la
ciudad, distinto al previsto por los planificadores, saltando como Jackie Chan
por las azoteas. No hay competencia sino intercambio de técnicas. Todo debe
fluir y nadie debe ponerse en peligro. El lema del Hebertismo es: “ser fuerte
para ser útil”. Y la idea de unos traceurs desplazándose por las tumbas de la
historia española para conmemorar las luchas emancipadoras (“España no
pertenece a nadie”) es hermosa. Sin embargo en el video de la página web de
Democracia la acrobacia priva sobre
el desplazamiento y se pierde justamente el recorrido. Los colores rojo y
negro, el atavío ninja, el porte marcial,
nos confunden un poco porque provocan connotaciones a la vez comunistas,
anarcosindicalistas, ninjas y fascistas. Ser y Durar entra en choque con la
inscripción de una losa: nada hay después de la muerte. Pero la idea no pareciera
pensada hasta el final. Lamentablemente, el periódico “Soberanía Popular”, que
se distribuye en la instalación y forma parte de ella, no puede ser leído
online.
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martes, 8 de noviembre de 2011
Los de arriba y los de abajo
Jeffrey Winters escribe para The American Interest, que en EEUU la democracia tiende, por diseño, a favorecer a los ricos. Así, si en realidad la mayoría de los americanos está a favor de mayores impuestos a los ricos, ¿por qué las políticas van en sentido contrario? En varios temas (aborto, derechos civiles, ideología política), las actuales oligarquías tienen opiniones distintas, salvo en lo que llama “política de preservación de patrimonio”. Por lo mismo, han logrado con éxito disminuir la carga impositiva del 1% más rico, y trasladarla hacia abajo. Sólo en el período entre 1920 y 1970 los impuestos fueron altos y, al contrario de lo que se sostiene siempre, significaron más puestos de trabajo. El ingreso del americano corriente se triplicó para estancarse en los 70. Ajustado por inflación, no se ha movido en 40 años. Mientras, los super ricos, recién lograron en 1970 alcanzar el nivel de ingreso que tenían en los años 20. Pero desde entonces lo han quintuplicado. Los tiempos de paz serían buenos para las oligarquías, no así las crisis y las guerras.
El Café de Pascal no comenta material que no esté libre en la Web, pero en el mismo número, Francis Fukuyama firma un artículo cuya introducción promete: sostiene que la polarización ideológica en EEUU es un mito. Hay grandes consensos, pero la propia Constitución tiene un diseño que exacerba las contradicciones y provoca “disfuncionalidad política”.
La Neue Zürcher Zeitung reseña la muestra en el Museo de Viena, dedicada a Angelo Soliman, un “moro de la corte” en tiempos de los Habsburgo. Nacido en Africa occidental y vendido como esclavo, Solimán logró emanciparse, llegó a gozar de la amistad del emperador José II, fue Gran Maestre de la logia masónica “La Verdadera Concordia”, tuvo influencia en círculos intelectuales y artísticos, y conoció a Mozart. Pero al morir fue desollado y exhibido como un salvaje emplumado, en contra de las protestas de su hija Josephine. La muestra cierra con videos en los que inmigrantes en la Viena de hoy dicen qué le preguntarían a Soliman: ¿cómo hizo para sobrevivir a Austria? Solimán es hoy un personaje emblemático de Viena, y fue absorbido como spin off en El hombre sin atributos, de Robert Musil.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Cartas radioactivas
Lo que pensó el físico y premio Nobel Werner Heisenberg al participar en el programa nuclear nazi fue siempre un misterio, y ha sido un tema recurrente por el dilema entre seguir la propia conciencia o sobrevivir. Die Welt reseña la publicación, finalmente autorizada por los descendientes, de la correspondencia entre Heisenberg y su esposa Elisabeth Schuhmacher. Las cartas testimonian cómo dos extraordinarias personas mantienen su camino en medio de la catástrofe, amparadas en la cultura de Europa. El programa nuclear agotaba a Heisenberg y lo sometía a depresiones que combatía tocando piano por horas, para luego dedicarse a “su” física. En un párrafo, expresa desconfianza por su discípulo, Carl Friedrich von Weizsäcker, hermano de quien fuera años después presidente de la RDA; Richard von Weizsäcker: el joven noble habla demasiado de una nueva Fe que ha de ser impartida por la espada y el fuego, y habría dicho: “quien no crea en lo mismo que yo, tiene que ser exterminado”.
En unos días se estrenará en Los Angeles, la pieza Radiance: The Passion of Marie Curie, escrita por Alan Alda, a quien conocemos por la serie MASH. En una entrevista para Smithsonian, cuenta su fascinación por el personaje, desde que descubrió que sus cartas son todavía radioactivas. La fuerza de Marie irradia en el siguiente ejemplo: el primer premio Nobel de la científica polaca fue recibido por su esposo Pierre a nombre de ambos, pues no se le quiso permitir subir a la tarima (por ser mujer). Cuando ganó el segundo Nobel, Pierre había muerto y Marie tenía un amante, Paul Langevin. El comité le dijo que no asistiera al acto y renunciara porque su nombre estaba mancillado. Ella contestó: voy a Estocolmo, así que prepárense.
El Magazine de La Vanguardia entrevistó al director teatral español Calixto Bieito. Habiendo desarrollado su trabajo en el extranjero en un 80%, Bieito pertenece más a Europa que a Catalunya, lugar donde creció. Conocido como provocador, revela que los jesuitas le enseñaron a prescindir de la vanidad: no se puede hacer arte sólo por sorprender. España estaría fallando en la educación, y es un país para irse.
En The New Republic, David A. Bell argumenta que los referendos pueden socavar la democracia. Sostiene que hay dos formas básicas. La primera atañe a cuestiones de soberanía, como reformas constitucionales, o la independencia de un Estado, en las que el poder revierte al pueblo para poder alterar las estructuras, y sería legítima. Pero hay una segunda que sustrae asuntos técnicos de las manos de legisladores electos, para colocarlos en las de personas comunes que no tienen ni el tiempo ni la experticia necesarios. En buena medida, si un legislador llama a referéndum está reconociendo la ilegitimidad de su cuerpo representativo. Y la consulta popular ha sido utilizada varias veces por dictadores, como Napoleón, para perpetuarse. Que el premier Papandreu haya recurrido a esta figura sería cinismo de la peor calaña: disfrazado de idealismo.
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