The New Yorker, Adam Green: A pickpocket’s tale. Roxana Robinson: How I get to write.
El País, Raquel Garzón, Quino: Los chicos fueron mis mejores lectores
Letras Libres, Gabriel Zaid: Estar.
Adam Green comienza para The New Yorker un perfil del carterista Apollo Robbins (un carterista de variedades) con un método que es similar al del retratado: de la manera más convencional, con una descripción precisa, mas no detallada, de cómo Robbins es desafiado por el mago Penn Jillette (de Penn & Teller) para de repente mostrar un truco insólito que ni el mismo Jillette se esperaba. Tampoco quien lea estas líneas y luego lea el artículo, porque a diferencia del carterista de calle, Robbins se especializa en que sus víctimas estén sobre aviso. Según Green, cuando entra en acción, “la única explicación posible parece ser la habilidad de echar a andar o detener al tiempo”. Robbins presenta su show en Las Vegas, donde un carterista profesional suramericano le dijo, luego de verlo, que era su hermano y le enseñó un par de trucos. Una vez, vació los bolsillos de todos los escoltas del ex presidente Jimmy Carter. Su método, y su estilo, han llamado la atención de militares y psiquiatras. Fue co-autor de un paper con dos científicos neurales, basado en sus observaciones para robar cosas. Compartió escenario con el psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel por sus trabajos en economía conductual, hablando sobre el fenómeno de la “ceguera por descuido” o “desatención” (inattentional blindness). Sorprendentemente, Robbins tuvo un desarrollo precario de la motricidad fina y gruesa siendo un niño pequeño. Pero de pronto desarrolló habilidades extraordinarias como dibujante, aprendió artes marciales, y destrezas circenses. De su público, dice: “mi meta no es hacerles daño o desconcertarles con un rompecabezas, sino desafiar sus mapas de la realidad”. Otro carterista, ex convicto, le dijo: “tú tienes una personalidad caviar”. En este video podemos ver por qué. El carterismo es su forma de comunicarse.
“En la mañana no hablo con nadie, ni pienso en ciertas cosas”, escribe Roxana Robinson, contando cómo se sienta a escribir todos los días. Usando hábilmente la reiteración de la palabra “I”, tan obligatoria en inglés, y tan pertinente dado el tema, enumera: no lee el periódico, ni escucha noticias. Ni se conecta a internet. El mundo exterior está urgido y es exigente. Una mirada “y todo acabaría”. En la noche, estuvo en otro sitio. Un lugar silencioso cuyas voces quiere seguir escuchando, separado del día por una débil membrana. Si se rompe, no podrá escribir. Si la preserva, podrá dibujar la sombra de ese mundo.
Raquel Garzón entrevista en El País al dibujante Quino, quien presenta su libro “¿Quién anda ahí?” Hablando de su oficio y los resultados o efectos no intencionados del trabajo, ella se inclina a creer más en la intuición artística que en el azar. El responde: “Puede ser. Yo he dibujado páginas que entendí mucho después. Tengo una, por ejemplo, que dibujé durante la última dictadura argentina cuando ya vivía en Italia, de un señor tirado en la calle con gente alrededor, al que un enfermero cubre con una sábana. Espera un ratito, mira el reloj y luego tira de la sábana y el señor no está, y la gente aplaude mucho, como si fuera un mago. Entendí mucho después que era una página sobre los desaparecidos”.
Un tweet de Ibsen Martínez y un comentario de Pablo Antillano en su muro refieren al artículo de Gabriel Zaid en Letras Libres sobre la diferencia entre “ser” y “estar”. Habría surgido con las lenguas derivadas del latín popular, pero se remontaría a sendas raíces indoeuropeas. Para estar, sta (estar de pie, to stand en inglés, stehen en alemán). Para ser, sed (estar sentado). Zaid sostiene que la diferencia se ha explicado en función de la permanencia: no es lo mismo ser triste que estar triste, pero que hay contraejemplos. En suma, no existiría una regla universal. Podríamos observar, sin embargo, que tanto sta como sed -estar de pié o sentado- expresan dos estados estáticos, pero con mayor o menor disposición al movimiento. Tal vez eso dibuje los bordes de la difusa la relación entre ambos.
Ahora estás, ahora no.
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lunes, 7 de enero de 2013
Ahora lo ves, ahora no
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jueves, 4 de octubre de 2012
Vuelta al futuro
The New York Times Magazine: The Inspiration Issue. La Jetée, obra seminal; el cine, máquina del tiempo. Looper de Rian Johnson. Los trabajos de Junot Díaz. Fernando Mires: Capriles está a la izquierda; Chávez, a la derecha.
En The Inspiration Issue de The New York Times Magazine, A.O. Scott hace notar que el cortometraje La Jetée, del recientemente fallecido Chris Marker, ha inspirado más películas –el remake Twelve Monkeys, Back to the Future, por nombrar un par- que cualquier comic o libro fantástico. La razón: su argumento circular es un viaje en el tiempo: “Según las leyes de la física, y los principios de la filosofía, el viaje en el tiempo es imposible. Marker demostró, con sus sugestivas imágenes y su lacónica narración en off, que para las películas es irresistible, incluso esencial”. El mejor homenaje que se le ha hecho en estos dos meses.
Adam Sternbergh explora las fuentes de Looper, de Rian Johnson: en el año 2044, un asesino a sueldo recibe sus encargos desde el tiempo futuro, hasta que un día tiene que eliminarse a sí mismo. Un viaje en el tiempo en el que encuentra a La Jetée, por supuesto: “no estaba en mi mente”, le dijo Johnson, quien evitó buscar referencias de viajes en el tiempo, “pero estaba”. El catálogo prosigue con un autor muy estimado por Marker, T.S.Elliot, Macbeth (según Johnson es un viaje en el tiempo, porque las brujas, al predecir a Macbeth lo que sucederá, hacen que suceda. Si es así, muchas tragedias son máquinas del tiempo). La pregunta esencial, e imposible sería: “¿Si pudieras viajar al pasado, regresarías para asesinar a alguien como Hitler?” Pero para Johnson la verdadera cuestión es: “¿sirve de algo solucionar el problema encontrando al culpable y matándolo? ¿No se crea así más bien una espiral de violencia que se perpetúa a sí misma?"
Sam Anderson habla del "lento metabolismo" creativo de Junot Díaz: su libro de historias cortas This Is How You Lose Her es el primero en cinco años, y apenas el tercero de su carrera. Es, según Anderson, excelente. Díaz sostiene que su crítico interior es excesivamente severo, lo cual “es un defecto de carácter”. Pero es un gran lector: “mi único superpoder. Leo un libro por semana”. Habla abiertamente de las historias que fracasaron: una en la que demoró seis meses, otra en la que demoró un año y cien páginas, otra más, de cincuenta páginas que acabaron en el cesto. De las historias que llegaron al libro dice que Miss Lora fue fácil. Y The Cheaters Guide to Love casi lo mata.
En su blog, Fernando Mires ve a Venezuela ante un nuevo comienzo con las próximas elecciones del 7 de octubre. Según él, el candidato opositor Henrique Capriles ha logrado conjugar en su discurso la dimensión de la lucha por las libertades democráticas y la dimensión de la lucha por la justicia social. En su forma de ser “descriptiva”, sería el suyo el verdadero discurso político; el del presidente Hugo Chávez, sería antipolítico. Los temas de Capriles, según Mires, son tradicionalmente patrimonio de las izquierdas socialistas: el progreso, la sociedad multicolor, la modernización económica. Los temas de Chávez son patrimonio de las más rancias derechas del continente: las glorias militares, el nacionalismo, discusiones racistas sobre el rostro de Bolívar. Una vuelta al pasado. Se entiende entonces que el actual presidente haya dicho en la actual campaña que quien no es chavista no es venezolano. La respuesta de Capriles pudiera ser una posibilidad de futuro: no es el presidente quien decide quiénes son los venezolanos; son los venezolanos quienes deciden quién es el presidente.
En The Inspiration Issue de The New York Times Magazine, A.O. Scott hace notar que el cortometraje La Jetée, del recientemente fallecido Chris Marker, ha inspirado más películas –el remake Twelve Monkeys, Back to the Future, por nombrar un par- que cualquier comic o libro fantástico. La razón: su argumento circular es un viaje en el tiempo: “Según las leyes de la física, y los principios de la filosofía, el viaje en el tiempo es imposible. Marker demostró, con sus sugestivas imágenes y su lacónica narración en off, que para las películas es irresistible, incluso esencial”. El mejor homenaje que se le ha hecho en estos dos meses.
Adam Sternbergh explora las fuentes de Looper, de Rian Johnson: en el año 2044, un asesino a sueldo recibe sus encargos desde el tiempo futuro, hasta que un día tiene que eliminarse a sí mismo. Un viaje en el tiempo en el que encuentra a La Jetée, por supuesto: “no estaba en mi mente”, le dijo Johnson, quien evitó buscar referencias de viajes en el tiempo, “pero estaba”. El catálogo prosigue con un autor muy estimado por Marker, T.S.Elliot, Macbeth (según Johnson es un viaje en el tiempo, porque las brujas, al predecir a Macbeth lo que sucederá, hacen que suceda. Si es así, muchas tragedias son máquinas del tiempo). La pregunta esencial, e imposible sería: “¿Si pudieras viajar al pasado, regresarías para asesinar a alguien como Hitler?” Pero para Johnson la verdadera cuestión es: “¿sirve de algo solucionar el problema encontrando al culpable y matándolo? ¿No se crea así más bien una espiral de violencia que se perpetúa a sí misma?"
Sam Anderson habla del "lento metabolismo" creativo de Junot Díaz: su libro de historias cortas This Is How You Lose Her es el primero en cinco años, y apenas el tercero de su carrera. Es, según Anderson, excelente. Díaz sostiene que su crítico interior es excesivamente severo, lo cual “es un defecto de carácter”. Pero es un gran lector: “mi único superpoder. Leo un libro por semana”. Habla abiertamente de las historias que fracasaron: una en la que demoró seis meses, otra en la que demoró un año y cien páginas, otra más, de cincuenta páginas que acabaron en el cesto. De las historias que llegaron al libro dice que Miss Lora fue fácil. Y The Cheaters Guide to Love casi lo mata.
En su blog, Fernando Mires ve a Venezuela ante un nuevo comienzo con las próximas elecciones del 7 de octubre. Según él, el candidato opositor Henrique Capriles ha logrado conjugar en su discurso la dimensión de la lucha por las libertades democráticas y la dimensión de la lucha por la justicia social. En su forma de ser “descriptiva”, sería el suyo el verdadero discurso político; el del presidente Hugo Chávez, sería antipolítico. Los temas de Capriles, según Mires, son tradicionalmente patrimonio de las izquierdas socialistas: el progreso, la sociedad multicolor, la modernización económica. Los temas de Chávez son patrimonio de las más rancias derechas del continente: las glorias militares, el nacionalismo, discusiones racistas sobre el rostro de Bolívar. Una vuelta al pasado. Se entiende entonces que el actual presidente haya dicho en la actual campaña que quien no es chavista no es venezolano. La respuesta de Capriles pudiera ser una posibilidad de futuro: no es el presidente quien decide quiénes son los venezolanos; son los venezolanos quienes deciden quién es el presidente.
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