Foro por la Vida: el Estado tiene que respetar la Constitución
ProdaVinci: José Ignacio Hernández: Implicaciones legales de la no juramentación de Chávez.
Semana. María Jimena Duzán: la agonía del Comandante. Fanny Kertzman: ¿Quiénes son los boliburgueses?
El gobierno venezolano contra la televisora Globovisión
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez se encuentra hospitalizado desde hace un mes en Cuba. Por lo pronto, no está en capacidad ni siquiera de probar que está vivo: desde entonces faltan testimonios en imagen o sonido de él. Jamás el gobierno ha presentado un diagnóstico de la enfermedad del mandatario. Ayer debió juramentarse para el período al que fue reelegido, pero no pudo asistir. Una serie de eventos hace suponer algo absurdo: que el Estado venezolano se ha colocado al margen de la ley. No sería la primera vez, como sugiere este paper, comentado antes en este blog.
El Foro por la Vida, que agrupa a las distintas organizaciones de derechos humanos del país, exhorta en un comunicado al Estado a respetar la Constitución, reconocer la falta temporal del presidente Chávez, y designar como Presidente encargado al Presidente de la Asamblea Nacional, el también chavista Diosdado Cabello, así como a informar cabalmente del estado de salud de Chávez. En forma breve y clara expone las razones.
En ProdaVinci, el constitucionalista José Ignacio Hernández repasa lo que sucedió ayer 10 de enero el aspecto legal. La mayoría oficialista se negó a juramentar al nuevo presidente, el cual no pudo asistir por estar enfermo, o algo peor, pero argumenta que hay continuidad administrativa por tratarse de un presidente reelecto, por lo cual el vicepresidente Nicolás Maduro puede seguir fungiendo como encargado en lugar de su copartidario Diosdado Cabello. Todo lo cual fue avalado por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo. Hernández demuestra por qué esto es imposible. Como detalle: la Sala Constitucional dictaminó ayer en contra de su propia jurisprudencia, dictada en 2004: “el ejercicio de cargos de elección popular requiere ciertamente de una juramentación, momento a partir del cual se inicia el período. Por ello, los artículos 230 y 231 de la Constitución no requieren aclaración alguna, pues sus textos son explícitos. La duración del mandato es de seis años y la toma de posesión, mediante juramento, el 10 de enero del primer año del período constitucional.” Sin embargo, no habría un golpe de estado, sino funcionarios en ejercicio de hecho. La lectura es laboriosa, pero vale la pena.
¿Por qué, si la oposición sólo exige se encarge provisionalente de la Presidencia de la República el presidente de la Asamblea, partidario a su vez de Chávez, hasta que éste pueda regresar, el chavismo se enreda en una aventura al margen de la ley? El artículo de María Jimena Duzán, en Semana, pudiera explicarlo en parte. Duzán estuvo en Caracas a inicios de la enfermadad del presidente, pudo constatar las a ratos delirantes teorías opositoras, y obtuvo de una fuente chavista la apreciación de que Chávez se lanzaría como candidato a un nuevo período, pero que no podría ejercer. En ese caso habría que poner a Nicolás Maduro como vicepresidente para que lo sustituya. La razón: Diosdado Cabello, el otro posible sucesor, tendría una extendida fama de corrupto, y sería „el auriga“ de los „boliburgueses“, la casta de nuevos ricos que medra del Estado.
De ser cierto, en la misma revista, Fanny Kertzman nos explica quiénes serían los boliburgueses y las dimensiones que alcanzaría todo. En la era de Chávez, junto con la reducción de la pobreza, la corrupción habría alcanzado niveles nunca vistos. El gobierno estaría penetrado por organizaciones criminales. Sorprendentemente, se olvida de que las siglas de la policía política no siguen siendo DISIP, sino SEBIN (comete el error dos veces).
El gobierno venezolano abrió una investigación (minutos después de una declaración en este sentido de Diosdado Cabello) contra la televisora Globovisión por unos micros que ha venido transmitiendo. Aquí se pueden ver (subidos ayer).
El Ministro de Comunicación de Chávez, Ernesto Villegas, sostiene: "Globovisión difundió el artículo 231 de forma parcial. No lo citaron completo" (cita tomada de El Mundo Economía y Negocios). Si se contrastan los micros del link anterior con los artículos involucrados (aquí, directo) se puede aventurar la hipótesis de que Villegas miente (que no es lo mismo que estar equivocado).
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viernes, 11 de enero de 2013
jueves, 25 de octubre de 2012
Cuando falla la prensa (quedan los blogs)
No sólo con la palabra, John Manuel Silva: cuestionar a la mayoría. Tracción de sangre, José Roberto Duque: Revolución Comunal Venezuelan Politics and Human Rights: La cámara del eco
En su blog No Sólo con la Palabra, John Manuel Silva reivindica su derecho a cuestionar a quienes votan por el gobierno. La polarización en Venezuela se debería a un proyecto que pretende “pulverizar” a sus opositores. Esto implica no reconocerles, por lo que a su vez, estos encuentran “imposible convivir con quienes los gobiernan”. Los amigos chavistas serían capaces de visitarlo y hasta cuidarlo en el hospital si la Guardia Nacional lo reprimiera, pero incapaces de exigir que no lo repriman. El chavismo es una mayoría que no cree en el derecho ajeno, que en lo personal quiere a sus amigos opositores, pero que no está dispuesta a abogar por sus derechos. “La paz”, sostiene Silva, “no viene de abogar por mis amigos, sino de hacerlo por mis enemigos, por quien desprecio, por quien me repugna”. El dato del texto se debe a Caracas Chronicles.
Para José Roberto Duque, en Tracción de Sangre, es falso que sólo habrá revolución mientras el chavismo gane elecciones, y opone a la euforia electoral el trabajo cotidiano. Chávez es un aliado, pero la lucha estaría en las bases, especialmente en la creación del Estado Comunal. Esto tomará decenios, según Duque, con aciertos y errores. Una revolución no es un acto de gobierno, y no se puede por lo tanto pretender que sean los jerarcas quienes la hagan. Tampoco implica acabar con la oposición, porque un hipotético país donde todos sean chavistas se anquilosaría inmediatamente. Supone incluso que la oposición ganará algún día y entonces prevé represión y persecuciones, porque toda revolución es por definición “ilegal”, pero no por eso se detendrá. Tomado del blogroll de Mi Jaragual
En Venezuelan Politics and Human Rights, David Smilde encuentra dos elementos en el corazón del fenómeno de la polarización. El primero, una dualidad amigo-enemigo que penetra a extremos únicos la esfera pública. Enumera varios artículos tomados de El Universal como demostración de la “ensordecedora” exageración de una victoria inevitable de Capriles. Sin negar el carácter también falsificador de los medios públicos, los medios privados habrían contribuido grandemente al autoengaño opositor. El otro efecto, muy relacionado, sería el de la “cámara de eco”. La gente sólo se reúne con quienes tienen la misma opinión y se produce un “aislamiento de relaciones” que se manifiesta en ambos bandos. En Venezuela incluso las encuestas son polarizadas, con diferencias entre sí de hasta 30 puntos. Como ejemplo de estos dos efectos coloca a la encuestadora Consultores 21, que dio ganador a Capriles, y cuyos números insuflaban ánimo a la oposición, ignorándose datos como el sesgo de 20 puntos en el referéndum del 2004, y de diez en el de 2009. Una gráfica con el crecimiento de la oposición a lo largo de los procesos electorales ha debido ser leída con variables que la contradicen: incremento de la aprobación del Presidente, incremento de ingresos.
Una clara muestra de cuando la prensa falla, sea oficial o privada.
En su blog No Sólo con la Palabra, John Manuel Silva reivindica su derecho a cuestionar a quienes votan por el gobierno. La polarización en Venezuela se debería a un proyecto que pretende “pulverizar” a sus opositores. Esto implica no reconocerles, por lo que a su vez, estos encuentran “imposible convivir con quienes los gobiernan”. Los amigos chavistas serían capaces de visitarlo y hasta cuidarlo en el hospital si la Guardia Nacional lo reprimiera, pero incapaces de exigir que no lo repriman. El chavismo es una mayoría que no cree en el derecho ajeno, que en lo personal quiere a sus amigos opositores, pero que no está dispuesta a abogar por sus derechos. “La paz”, sostiene Silva, “no viene de abogar por mis amigos, sino de hacerlo por mis enemigos, por quien desprecio, por quien me repugna”. El dato del texto se debe a Caracas Chronicles.
Para José Roberto Duque, en Tracción de Sangre, es falso que sólo habrá revolución mientras el chavismo gane elecciones, y opone a la euforia electoral el trabajo cotidiano. Chávez es un aliado, pero la lucha estaría en las bases, especialmente en la creación del Estado Comunal. Esto tomará decenios, según Duque, con aciertos y errores. Una revolución no es un acto de gobierno, y no se puede por lo tanto pretender que sean los jerarcas quienes la hagan. Tampoco implica acabar con la oposición, porque un hipotético país donde todos sean chavistas se anquilosaría inmediatamente. Supone incluso que la oposición ganará algún día y entonces prevé represión y persecuciones, porque toda revolución es por definición “ilegal”, pero no por eso se detendrá. Tomado del blogroll de Mi Jaragual
En Venezuelan Politics and Human Rights, David Smilde encuentra dos elementos en el corazón del fenómeno de la polarización. El primero, una dualidad amigo-enemigo que penetra a extremos únicos la esfera pública. Enumera varios artículos tomados de El Universal como demostración de la “ensordecedora” exageración de una victoria inevitable de Capriles. Sin negar el carácter también falsificador de los medios públicos, los medios privados habrían contribuido grandemente al autoengaño opositor. El otro efecto, muy relacionado, sería el de la “cámara de eco”. La gente sólo se reúne con quienes tienen la misma opinión y se produce un “aislamiento de relaciones” que se manifiesta en ambos bandos. En Venezuela incluso las encuestas son polarizadas, con diferencias entre sí de hasta 30 puntos. Como ejemplo de estos dos efectos coloca a la encuestadora Consultores 21, que dio ganador a Capriles, y cuyos números insuflaban ánimo a la oposición, ignorándose datos como el sesgo de 20 puntos en el referéndum del 2004, y de diez en el de 2009. Una gráfica con el crecimiento de la oposición a lo largo de los procesos electorales ha debido ser leída con variables que la contradicen: incremento de la aprobación del Presidente, incremento de ingresos.
Una clara muestra de cuando la prensa falla, sea oficial o privada.
sábado, 13 de octubre de 2012
Elecciones en el cuartel
El Nacional, Colette Capriles: en Venezuela triunfó el conformismo conservador. ProDavinci, Ana Teresa Torres: la fuerza de la tristeza Clarín, Jorge Lanata: Venezuela es un cuartel El País, Jorge Castañeda: la oposición atrapada Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, José Natanson: la reelección, canto de sirena.
Hugo Chávez, inventor de la reelección perpetua, ha sido elegido por cuarta vez presidente en Venezuela para lo que será un total de veinte años por lo pronto. En El Nacional, Colette Capriles encuentra en su triunfo un escándalo: la impostura del carácter democrático y de izquierdas de su gobierno, y la pérdida de la república como “motivo de regocijo internacional”. La oposición, una “enorme minoría” congregada tras el candidato Henrique Capriles, que apostó por la unidad, la modernidad y el cambio, quedó sepultada bajo la hegemonía de una mayoría circunstancial y conservadora. Triunfaron la denigración del otro y el conformismo conservador. Pero cada quien es responsable por sus decisiones.
En ProdaVinci Ana Teresa Torres sostiene que la oposición había desterrado la duda en su campaña, minimizando al adversario y menospreciando a sus seguidores. Habría insistido “en verlo derrotado por nuestros propios deseos”. Torres reivindica la necesidad de la tristeza, o la depresión, y llama a no negar esos sentimientos: la fuerza de la resistencia estaría precisamente en que exige el estado de desoladora espera que toca a los derrotados (ya catorce años en su caso). No hay consuelo para muchos de ellos. Por lo mismo, la tentación de saltarse el obligado duelo es grande: “Duelos congelados por negados, esos sí que tardan en pasar. Una buena manera de saltarse el duelo es la del que dice, yo no he perdido, es que me robaron. O la de, yo más nunca voto, eso no sirve para nada”. Para dar una idea de la pérdida sufrida, Torres recuerda que “Freud definía la melancolía como la reacción ante la pérdida de un ser querido o su abstracción equivalente, y entre esas abstracciones equivalentes precisamente mencionaba la patria y la libertad”.
En Clarín, Jorge Lanata hace una crónica del día de las elecciones. Es predecible (vivió bajo la dictadura militar argentina) la incomodidad que le produce el toque de diana chavista a las 3am para despertar a los votantes: Venezuela es un gran cuartel. Una gran grieta lo divide; la división sería no sólo política sino cultural, y perdurará como sucedió en Argentina con el peronismo. Cuando el mayor diario titula: “El voto es secreto”, algo debe estar muy mal.
Jorge Castañeda resalta en El País que durante la campaña el Estado en su totalidad apoyó a un candidato: Chávez. El mismo arbitro electoral habría instrumentado una buena dosis de miedo a los votantes, sugiriendo que el voto pudiera no ser secreto. La oposición tuvo que lidiar con la naturaleza inimaginable de una derrota chavista: nadie podía concebir que el caudillo perdiera, o aceptara su derrota. “No tuvieron más remedio, la oposición y Capriles, que contender y poner la mejor cara ante una situación prácticamente imposible. Abstenerse, como en el pasado, implicaba condenarse a la marginación y a la impotencia; participar denunciando la inequidad de las reglas y de los recursos equivalía a un suicidio electoral: ahuyentar a los partidarios y contender en las condiciones existentes garantizaba la derrota. No había buenas salidas; la menos mala fue la elegida por la oposición”.
En Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, el editorial de su director José Natanson se inscribe en el debate sobre la reforma constitucional de Argentina. Estudia las virtudes y defectos de los sistemas parlamentarios o presidencialistas para América Latina, y encuentra que el presidencialismo se ha revelado como sorprendentemente flexible al momento de superar crisis institucionales. En cuanto a la reelección presidencial, destaca que “Venezuela es hoy el único país latinoamericano que –a excepción de Cuba– no contempla límites institucionales al ejercicio permanente de poder”. A quienes –como Ernesto Laclau- defienden la reelección indefinida como ejercicio pleno de la soberanía popular, Natanson enfrenta el argumento de que el poder del pueblo no puede ser absoluto (el pueblo no puede torturar a los presos, por ejemplo), y por lo tanto necesita contrapesos: “En otras palabras, la democracia supone tanto la elección libre de un gobierno como la limitación del poder de ese gobierno”, escribe. “El debilitamiento de los límites al poder –entre los cuales el que fija un plazo determinado para su ejercicio quizás sea el más crucial– puede atenuar o incluso poner en riesgo el componente republicano de la democracia”. A diferencia de la “democracia plena”, en la que todos los partidos pueden perder las elecciones, sería lo que Andreas Schedler llama “autoritarismo electoral”, en el que siempre pierden los partidos de oposición.
Hugo Chávez, inventor de la reelección perpetua, ha sido elegido por cuarta vez presidente en Venezuela para lo que será un total de veinte años por lo pronto. En El Nacional, Colette Capriles encuentra en su triunfo un escándalo: la impostura del carácter democrático y de izquierdas de su gobierno, y la pérdida de la república como “motivo de regocijo internacional”. La oposición, una “enorme minoría” congregada tras el candidato Henrique Capriles, que apostó por la unidad, la modernidad y el cambio, quedó sepultada bajo la hegemonía de una mayoría circunstancial y conservadora. Triunfaron la denigración del otro y el conformismo conservador. Pero cada quien es responsable por sus decisiones.
En ProdaVinci Ana Teresa Torres sostiene que la oposición había desterrado la duda en su campaña, minimizando al adversario y menospreciando a sus seguidores. Habría insistido “en verlo derrotado por nuestros propios deseos”. Torres reivindica la necesidad de la tristeza, o la depresión, y llama a no negar esos sentimientos: la fuerza de la resistencia estaría precisamente en que exige el estado de desoladora espera que toca a los derrotados (ya catorce años en su caso). No hay consuelo para muchos de ellos. Por lo mismo, la tentación de saltarse el obligado duelo es grande: “Duelos congelados por negados, esos sí que tardan en pasar. Una buena manera de saltarse el duelo es la del que dice, yo no he perdido, es que me robaron. O la de, yo más nunca voto, eso no sirve para nada”. Para dar una idea de la pérdida sufrida, Torres recuerda que “Freud definía la melancolía como la reacción ante la pérdida de un ser querido o su abstracción equivalente, y entre esas abstracciones equivalentes precisamente mencionaba la patria y la libertad”.
En Clarín, Jorge Lanata hace una crónica del día de las elecciones. Es predecible (vivió bajo la dictadura militar argentina) la incomodidad que le produce el toque de diana chavista a las 3am para despertar a los votantes: Venezuela es un gran cuartel. Una gran grieta lo divide; la división sería no sólo política sino cultural, y perdurará como sucedió en Argentina con el peronismo. Cuando el mayor diario titula: “El voto es secreto”, algo debe estar muy mal.
Jorge Castañeda resalta en El País que durante la campaña el Estado en su totalidad apoyó a un candidato: Chávez. El mismo arbitro electoral habría instrumentado una buena dosis de miedo a los votantes, sugiriendo que el voto pudiera no ser secreto. La oposición tuvo que lidiar con la naturaleza inimaginable de una derrota chavista: nadie podía concebir que el caudillo perdiera, o aceptara su derrota. “No tuvieron más remedio, la oposición y Capriles, que contender y poner la mejor cara ante una situación prácticamente imposible. Abstenerse, como en el pasado, implicaba condenarse a la marginación y a la impotencia; participar denunciando la inequidad de las reglas y de los recursos equivalía a un suicidio electoral: ahuyentar a los partidarios y contender en las condiciones existentes garantizaba la derrota. No había buenas salidas; la menos mala fue la elegida por la oposición”.
En Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, el editorial de su director José Natanson se inscribe en el debate sobre la reforma constitucional de Argentina. Estudia las virtudes y defectos de los sistemas parlamentarios o presidencialistas para América Latina, y encuentra que el presidencialismo se ha revelado como sorprendentemente flexible al momento de superar crisis institucionales. En cuanto a la reelección presidencial, destaca que “Venezuela es hoy el único país latinoamericano que –a excepción de Cuba– no contempla límites institucionales al ejercicio permanente de poder”. A quienes –como Ernesto Laclau- defienden la reelección indefinida como ejercicio pleno de la soberanía popular, Natanson enfrenta el argumento de que el poder del pueblo no puede ser absoluto (el pueblo no puede torturar a los presos, por ejemplo), y por lo tanto necesita contrapesos: “En otras palabras, la democracia supone tanto la elección libre de un gobierno como la limitación del poder de ese gobierno”, escribe. “El debilitamiento de los límites al poder –entre los cuales el que fija un plazo determinado para su ejercicio quizás sea el más crucial– puede atenuar o incluso poner en riesgo el componente republicano de la democracia”. A diferencia de la “democracia plena”, en la que todos los partidos pueden perder las elecciones, sería lo que Andreas Schedler llama “autoritarismo electoral”, en el que siempre pierden los partidos de oposición.
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jueves, 4 de octubre de 2012
Vuelta al futuro
The New York Times Magazine: The Inspiration Issue. La Jetée, obra seminal; el cine, máquina del tiempo. Looper de Rian Johnson. Los trabajos de Junot Díaz. Fernando Mires: Capriles está a la izquierda; Chávez, a la derecha.
En The Inspiration Issue de The New York Times Magazine, A.O. Scott hace notar que el cortometraje La Jetée, del recientemente fallecido Chris Marker, ha inspirado más películas –el remake Twelve Monkeys, Back to the Future, por nombrar un par- que cualquier comic o libro fantástico. La razón: su argumento circular es un viaje en el tiempo: “Según las leyes de la física, y los principios de la filosofía, el viaje en el tiempo es imposible. Marker demostró, con sus sugestivas imágenes y su lacónica narración en off, que para las películas es irresistible, incluso esencial”. El mejor homenaje que se le ha hecho en estos dos meses.
Adam Sternbergh explora las fuentes de Looper, de Rian Johnson: en el año 2044, un asesino a sueldo recibe sus encargos desde el tiempo futuro, hasta que un día tiene que eliminarse a sí mismo. Un viaje en el tiempo en el que encuentra a La Jetée, por supuesto: “no estaba en mi mente”, le dijo Johnson, quien evitó buscar referencias de viajes en el tiempo, “pero estaba”. El catálogo prosigue con un autor muy estimado por Marker, T.S.Elliot, Macbeth (según Johnson es un viaje en el tiempo, porque las brujas, al predecir a Macbeth lo que sucederá, hacen que suceda. Si es así, muchas tragedias son máquinas del tiempo). La pregunta esencial, e imposible sería: “¿Si pudieras viajar al pasado, regresarías para asesinar a alguien como Hitler?” Pero para Johnson la verdadera cuestión es: “¿sirve de algo solucionar el problema encontrando al culpable y matándolo? ¿No se crea así más bien una espiral de violencia que se perpetúa a sí misma?"
Sam Anderson habla del "lento metabolismo" creativo de Junot Díaz: su libro de historias cortas This Is How You Lose Her es el primero en cinco años, y apenas el tercero de su carrera. Es, según Anderson, excelente. Díaz sostiene que su crítico interior es excesivamente severo, lo cual “es un defecto de carácter”. Pero es un gran lector: “mi único superpoder. Leo un libro por semana”. Habla abiertamente de las historias que fracasaron: una en la que demoró seis meses, otra en la que demoró un año y cien páginas, otra más, de cincuenta páginas que acabaron en el cesto. De las historias que llegaron al libro dice que Miss Lora fue fácil. Y The Cheaters Guide to Love casi lo mata.
En su blog, Fernando Mires ve a Venezuela ante un nuevo comienzo con las próximas elecciones del 7 de octubre. Según él, el candidato opositor Henrique Capriles ha logrado conjugar en su discurso la dimensión de la lucha por las libertades democráticas y la dimensión de la lucha por la justicia social. En su forma de ser “descriptiva”, sería el suyo el verdadero discurso político; el del presidente Hugo Chávez, sería antipolítico. Los temas de Capriles, según Mires, son tradicionalmente patrimonio de las izquierdas socialistas: el progreso, la sociedad multicolor, la modernización económica. Los temas de Chávez son patrimonio de las más rancias derechas del continente: las glorias militares, el nacionalismo, discusiones racistas sobre el rostro de Bolívar. Una vuelta al pasado. Se entiende entonces que el actual presidente haya dicho en la actual campaña que quien no es chavista no es venezolano. La respuesta de Capriles pudiera ser una posibilidad de futuro: no es el presidente quien decide quiénes son los venezolanos; son los venezolanos quienes deciden quién es el presidente.
En The Inspiration Issue de The New York Times Magazine, A.O. Scott hace notar que el cortometraje La Jetée, del recientemente fallecido Chris Marker, ha inspirado más películas –el remake Twelve Monkeys, Back to the Future, por nombrar un par- que cualquier comic o libro fantástico. La razón: su argumento circular es un viaje en el tiempo: “Según las leyes de la física, y los principios de la filosofía, el viaje en el tiempo es imposible. Marker demostró, con sus sugestivas imágenes y su lacónica narración en off, que para las películas es irresistible, incluso esencial”. El mejor homenaje que se le ha hecho en estos dos meses.
Adam Sternbergh explora las fuentes de Looper, de Rian Johnson: en el año 2044, un asesino a sueldo recibe sus encargos desde el tiempo futuro, hasta que un día tiene que eliminarse a sí mismo. Un viaje en el tiempo en el que encuentra a La Jetée, por supuesto: “no estaba en mi mente”, le dijo Johnson, quien evitó buscar referencias de viajes en el tiempo, “pero estaba”. El catálogo prosigue con un autor muy estimado por Marker, T.S.Elliot, Macbeth (según Johnson es un viaje en el tiempo, porque las brujas, al predecir a Macbeth lo que sucederá, hacen que suceda. Si es así, muchas tragedias son máquinas del tiempo). La pregunta esencial, e imposible sería: “¿Si pudieras viajar al pasado, regresarías para asesinar a alguien como Hitler?” Pero para Johnson la verdadera cuestión es: “¿sirve de algo solucionar el problema encontrando al culpable y matándolo? ¿No se crea así más bien una espiral de violencia que se perpetúa a sí misma?"
Sam Anderson habla del "lento metabolismo" creativo de Junot Díaz: su libro de historias cortas This Is How You Lose Her es el primero en cinco años, y apenas el tercero de su carrera. Es, según Anderson, excelente. Díaz sostiene que su crítico interior es excesivamente severo, lo cual “es un defecto de carácter”. Pero es un gran lector: “mi único superpoder. Leo un libro por semana”. Habla abiertamente de las historias que fracasaron: una en la que demoró seis meses, otra en la que demoró un año y cien páginas, otra más, de cincuenta páginas que acabaron en el cesto. De las historias que llegaron al libro dice que Miss Lora fue fácil. Y The Cheaters Guide to Love casi lo mata.
En su blog, Fernando Mires ve a Venezuela ante un nuevo comienzo con las próximas elecciones del 7 de octubre. Según él, el candidato opositor Henrique Capriles ha logrado conjugar en su discurso la dimensión de la lucha por las libertades democráticas y la dimensión de la lucha por la justicia social. En su forma de ser “descriptiva”, sería el suyo el verdadero discurso político; el del presidente Hugo Chávez, sería antipolítico. Los temas de Capriles, según Mires, son tradicionalmente patrimonio de las izquierdas socialistas: el progreso, la sociedad multicolor, la modernización económica. Los temas de Chávez son patrimonio de las más rancias derechas del continente: las glorias militares, el nacionalismo, discusiones racistas sobre el rostro de Bolívar. Una vuelta al pasado. Se entiende entonces que el actual presidente haya dicho en la actual campaña que quien no es chavista no es venezolano. La respuesta de Capriles pudiera ser una posibilidad de futuro: no es el presidente quien decide quiénes son los venezolanos; son los venezolanos quienes deciden quién es el presidente.
domingo, 1 de julio de 2012
Predicamentos electorales
Reforma: Jorge Volpi: el voto escéptico
Tal Cual: Ibsen Martínez: O Nigeria, o Cuba
En Reforma, Jorge Volpi argumenta su
decisión de voto diciendo primero que jamás fue para él tan frustrante. Del
candidato del PRI, Peña Nieto, dice que no sabe nada de él, a pesar de su
sobreexposición. Ni una idea propia, ni un rasgo de carácter: un espectro.
Josefina Vasquez Mota, la candidata del PAN, le parece una persona seria y
decidida, pero no ha sido capaz de distanciarse de la política de su partido que
llevó a lso 60 mil muertos de la guerra contra el narco. Andrés Manuel López
Obrador no es el inspirado Jefe de Gobierno del D.F. en 2000, ni tampoco el
candidato perdedor del 2006. En aquella elección, “haber "mandado al
diablo" a las instituciones y asumirse como presidente legítimo constituyó…una
enorme irresponsabilidad política”, según Volpi. Su intransigencia le hace
desconfiar. Sólo votará por él debido a la inclusión en el gabinete de Marcelo
Ebrard, jefe de Gobierno del DF, y Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la
UNAM, y porque representa un posible desarrollo de una alternativa
socialdemócrata.
En Tal Cual (acceso limitado), Ibsen Martínez describe la “regla del pulgar”
de Graham Greene, que orienta a los observadores extranjeros en las tierras
irredentas: si el tirano de turno es un gritón carismático, dice estar con los
pobres y contra los yanquis, y se proclama de izquierda, es automáticamente el
bueno de la película. Así tratarían al Hugo Chávez de Venezuela. El otro
candidato, Henrique Capriles, sería sólo “el otro tipo”. El petroestado
venezolano no es más que una versión de la antigua corona española y su potestad
sobre las riquezas del subsuelo, que produce el “ogro filantrópico” de Paz, con
súbditos clientelares y no ciudadanos. Bajo Chávez, se ha acercado a…Nigeria,
según leyó Martínez en The Economist:
“Así que ya estamos en Nigeria, amigos; al borde de ser un estado fallido,
aunque concebiblemente rescatable. ¿Daremos un paso al frente para caer en la
pesadilla que es Cuba? ¿Seremos un
estado fallido y, además, irreversiblemente totalitario?
Votaré por el otro tipo.
Llevaré dos más a votar por él. ¿Y usted?”
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jueves, 8 de marzo de 2012
¿Quién quiere presidentes?
La Vie des Idées: abolir la elección presidencial universal y
directa
Der Spiegel: abolir la Presidencia de la República.
The Atlantic: James Fallows sobre el primer período de Obama.
El Boomeran(g): Jorge Volpi y el otoño de Chávez
La Vie des Idées tiene también su versión en inglés: Books and Ideas. Arnaud Le Pillouer aboga en
una entrevista por la abolición de la elección presidencial. El video es la
versión muy resumida del artículo que Le Pillouer y Pierre Brunet entregaran en
2011 (aquí
en francés, y aquí en inglés).
En Francia, la revolución suplantó al monarca absoluto por una asamblea
despótica. La Tercera República reemplazó al emperador por un parlamento con
autoridad absoluta. Hoy, la situación se revierte: el parlamento omnipotente de
la Cuarta República ha sido desplazado por el presidente de la Quinta. El
problema básico sería su elección por sufragio directo universal. Dicha
elección socava la credibilidad en las instituciones. No es democrática, pues al
centrarse en una persona, el pueblo no elige las políticas que desea, todo lo
contrario de lo que sucede en las elecciones parlamentarias, que giran
alrededor de partidos con programas. Desestabiliza las instituciones, pues la
legitimidad “nacional” que deriva el presidente se contrapone a la “local” de
los diputados, por lo que él sería el único “representante” de la Nación; como
tal concentra excesivos poderes y tanto el legislativo como la misma judicatura
se le subordinarían de facto. Proponen adoptar un sistema parlamentario.
Algo como en Alemania. Sólo que
aquí el cargo de presidente es más bien protocolar. Con la renuncia de Christian
Wulff, tras el escándalo por haber usado en su provecho posiciones de poder, ya
hay quienes proponen abolirlo. En Der Spiegel
(aquí en alemán;
aquí
en inglés), es lo que plantea el periodista René Pfister, en un artículo de
corte polémico, más que académico. El cargo de Presidente Federal habría tenido
la función de satisfacer el deseo general de una “razón” suprapartidaria y
neutral. Sin embargo, se ha revelado superfluo, sin contenido. La contradicción
inherente a esta figura habría sido descrita por el ex presidente Roman Herzog:
“Puesto que yo, como Presidente, casi no me encuentro autorizado a decidir
nada, ni siquiera es posible que se me responsabilice si alguien pone en
práctica con fuerza de ley proposiciones mías. Por otra parte siempre puedo, cuando
no se hace lo que yo propongo, señalar que hubiera sido mejor si se me hubiese
escuchado”.
En The Atlantic, James Fallows explora
la interrogante de si Barack Obama será considerado en el futuro un maestro
del ajedrez político o sólo un peón a merced de fuerzas superiores. Fallows,
quien fuera parte del equipo de Jimmy Carter y conoce como el que más el
funcionamiento de Washington DC, logra recoger abundantes impresiones sobre
Obama, y establece comparaciones con presidentes anteriores, siempre acompañadas
de ejemplos, explicando cómo evolucionaron hacia lo que hoy se piensa de ellos.
El Presidente está en el centro de un sistema que lo trata como un
emperador-dios. Pero ninguno es apto para sus funciones, porque las habilidades
necesarias, innatas o adquiridas, son demasiadas. Ni siquiera Franklin Delano
Roosevelt era FDR al principio. Sin embargo, todos evolucionan durante su
mandato. Obama no tenía experiencia ejecutiva, y su desempeño como senador fue
de apenas un año, con lo que ni siquiera tuvo tiempo de crear una red de
colaboradores. Se le critica su distancia emocional de todo salvo un puñado de antiguos
consejeros y amigos confiables. Pero Fallows plantea que Truman estaba menos
preparado aún que Obama para los desafíos que le tocó enfrentar. Un asesor le
habría confiado que en el sistema bipartidista americano, el “presidente debe
ante todo aceptar la fatalidad de que la cooperación es inalcanzable” y que
debe prepararse para la obstrucción y el bloqueo en el Congreso. Fallows cree,
a pesar de todo, que hay una buena probabilidad de que Obama, de ser reelecto,
acabe siendo el presidente que esperaban quienes votaron por él.
Aunque ya tiene más de 60 mil “likes”
en Facebook, igual es pertinente mencionar el
escrito de Jorge Volpi en El
Boomeran(g). En el cumpleaños de García Márquez, recurre a la analogía con
El Otoño del Patriarca, novela de dictadores, para imaginar al presidente de
Venezuela en su hospital de Cuba, con un cáncer que es un secreto militar,
sólo, sintiéndose prisionero, temiendo que no haya nadie que continúe su obra
revolucionaria, temiendo más a los suyos que a sus enemigos. Aspiró a suceder a
Fidel Castro como el maestro del tablero. Pero barrunta acaso no ser más que un
peón. Piensa (aún) que la historia lo absolverá.
martes, 21 de febrero de 2012
El asesinato como método
El País: la cantante checa Marta Kubisova y la Carta 77.
Cambio 16: Videla defiende la dictadura militar y su costo en
vidas.
El Nacional: Venezuela. ¿Revolución?: espejismo rentista.
Jorge Rafael Videla, ex dictador
argentino, concedió
una entrevista a Cambio 16, en
la que justifica la intervención de los militares con el estado de caos y
anarquía en la Argentina de Perón y su esposa, María Estela, y con el peligro
de que los “revolucionarios” y “terroristas” tomaran las instituciones. Ya
desde Perón se habría recurrido a la violencia para enfrentar la situación, e Ítalo
Luder les habría dado a los militares licencia para matar, lo cual casi hacía
innecesario el golpe de Estado de 1976, que fue aclamado por toda la sociedad,
incluido el Partido Radical. La Iglesia y los empresarios cooperaron, y el Proceso
habría alcanzado sus objetivos en 1978. Pero habría sido víctima de una campaña
de desprestigio. Dice que no hubo los 30 mil muertos que reclaman las Madres de
Plaza de Mayo, sino 7 mil, por ser este el número de personas que se han presentado
a reclamar indemnización del Estado. El gobierno de los Kirchner sólo reconoce
las víctimas de los militares, pero no las de los guerrilleros; no habría
justicia sino venganza.
En Siete Días, de El Nacional,
Ezio Serrano sostiene
que los venezolanos eligieron presidente a un militar que está ahora en
guerra con la sociedad. La conexión mágica de Chávez con el pueblo forma parte
del espejismo que genera el petróleo. Es el ideario rentista, que produce
absurdos como que las protestas populares no van contra el rey, sino las malas
políticas: no se toca al proveedor. Todavía no se entiende el origen de la
crisis: Venezuela entró hace 30 años en una crisis económica, y por lo tanto el
rentismo entró en crisis, y de ahí, la política. Al creer que la crisis es
política, no podemos entender su origen. El rentismo chavista es personalista;
el anterior a él, era institucional. El país ha perdido tres décadas; bajo el
esquema rentista, la democracia no es posible.
En su blog de El Pais, Diego Manrique relata
la historia de la cantante checa Marta Kubisova, tomada del libro Gottland del periodista polaco Mariusz
Szczygiel. Kubisova pasó de ser una estrella del sistema al ostracismo. Apoyo a
la primavera de Praga, como testimonia su título Tajga Blues,
sobre la deportación a Siberia del puñado de moscovitas que protestó en la Plaza
Roja contra la invasión a Checoslovaquia. Posteriormente, firmó la Carta 77,
motivada por la represión sobre la banda psicodélica The
Plastic People of the Universe. El servicio secreto armó un montaje haciéndola
figurar en una falsa revista porno danesa, para desprestigiarla. La cantante se
presenta el día 24 de febrero en el Divadloungelt
de Praga.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
En busca de El Dorado
Buena parte del narcotráfico se ha ido de Colombia a México,
el mito de El Dorado tiene varias formas. En Gatopardo, Ioan Grillo casi sufre un ataque
de pánico en un túnel bajo tierra, al sentir cómo disminuye el oxígeno y
escuchar de pronto al río Cauca fluir poderoso encima, como si fuera a colapsar
el túnel. Son dos de las causas de muerte entre los mineros del oro en
Colombia. El metal ha subido de precio, la fiebre del oro está de vuelta, y las
milicias armadas se lo disputan. Extorsionan a los mineros. Es la nueva
cocaína.
Alma Guillermoprieto sostiene
en El Puercoespín, que la conclusión más desalentadora de la guerra contra el
narco es que tal vez no se haya librado. Cita dos artículos de Héctor de
Mauleón (uno
sobre Beltrán Leyva y otro
sobre el Chapo Guzmán) para la revista Nexos, alimentando las sospechas de
conexiones de los capos incluso con miembros de sucesivos gabinetes. Las
grandes victorias del Estado contra el narco se deberían a inteligencia de los
propios narcos. Lo que habría sería una guerra entre narcos, desatada por el
gobierno mexicano, en la que el límite entre el Estado y el mundo del crimen es
difuso. Hasta el punto de que los Zetas eran miembros de la unidad antidrogas
del Ejército, y hoy han llevado al paroxismo la violencia, rompiendo todo
código de honor y guerra. La veneración a La Santa Muerte por parte de las
bandas del Golfo, los asesinatos de muchachas centroamericanas para ofrendarlas
a esta figura macabra, los asesinatos de mujeres en Juárez, hablan de una nueva
cualidad en el ejercicio de la violencia. Sin embargo, Guillermoprieto no cree
que se pueda hablar de un Estado fallido, porque en un estado fallido “los
conductores no se detienen en la luz roja y la basura no se recoge puntualmente”.
Lo cual parece más bien Venezuela. En Nexos, el
constitucionalista Pedro Salazar Ugarte escribe
una crónica de su viaje oficial a la República Bolivariana, que no difiere en
mucho de los relatos de otros viajeros, pero del siglo XIX. La hospitalidad y
la atención son impecables, la gente es igualitaria, nivelada en una clase
media baja, y bastante uniforme. La ostentación y el lujo oficiales contradicen
el discurso revolucionario. Caracas es desaliñada y decepcionante, pero entre sus
interlocutores campea la megalomanía (el Quijote fue inventado en Venezuela, el
mejor país del mundo, el mayor vitral del mundo, etc.).
Ve poco de la ciudad. Otros delegados son marcados por
guardias de seguridad cuando salen a trotar.
Al asistir a la apertura del evento oficial la Presidenta del
Tribunal Supremo habla de “la odiosa separación de poderes”. Luego, el
presidente Hugo Chávez extiende a casi tres horas su discurso de 20 minutos,
interrumpido treinta veces por aplausos. Un diputado sentado en la fila de
atrás repite cada palabra del líder. Salazar Ugarte anota que “el tirano se
apodera de nuestro tiempo a capricho”. Cuando al día siguiente se da cuenta de
que otro evento es una celada propagandística lo abandona, pero no lo dejan partir
al hotel sin su chofer.
Al abordar el avión, escribe: “México, mi país, con sus
miles de problemas y su indignante injusticia social, se me antojó moderno,
democrático y libre”.
domingo, 20 de noviembre de 2011
El resultado es el mismo
En El País, Moisés Naím confiesa su espanto ante lo que exponen los debates de los precandidatos republicanos en EEUU: fanatismo religioso, desprecio por la ciencia, mentiras, hipocresía, ignorancia, populismo y disparates económicos. Todo esto con una franca posibilidad de derrotar a Obama en las elecciones, es decir, de que el próximo presidente de EEUU encarne las características descritas. Mientras, observando el debate de los precandidatos de la oposición venezolana a Chávez, el primer debate entre políticos desde 1983, encuentra motivos para la esperanza, pues la impresión es opuesta: son informados, serios, capaces y preparados. Todo esto frente a un Estado copado por el Presidente, quien podría imponer las condiciones que le convengan, haciendo cuesta arriba el triunfo opositor. Es decir: por vías opuestas se llega al mismo resultado
Si el último debate entre políticos en Venezuela fue en 1983 (15 años antes del teniente coronel retirado), también habría sido por esa época que los medios de comunicación privados se enfrascaron en una batalla contra los gobiernos y el sistema democrático. La segunda aseveración la hace Boris Muñoz en su intervención –publicada por El Puercoespín, de Argentina- durante el congreso sobre la libertad de prensa en América Latina en la Universidad de Harvard. Chávez habría manifestado sus ganas de confrontación con los medios de comunicación; estos, a su vez, respondieron con entusiasmo. Para Muñoz, el episodio inicial fue la presión del gobierno para destituir a Teodoro Petkoff como director del diario El Mundo, cosa que logró, -pero cuyo éxito fue relativo, pues a los pocos meses Petkoff fundó el diario Tal Cual. El segundo caso, fue la confrontación –ahora abierta- con el diario El Nacional, por reportar casos de violación de derechos humanos durante la emergencia provocada por las masivas avalanchas de barro en el Estado Vargas en 1999. Hasta entonces, El Nacional había sido uno de los principales medios apoyando a Chávez.
Se produciría la ironía de que habría que defender la libertad de prensa de la presión del gobierno –y de la prensa.
La responsable de El Puercoespín, Graciela Mochkofsky, también participó en el evento, y publica en su blog de El País un resumen de su libro sobre el enfrentamiento entre el Grupo Clarín y los Kirchner. Una historia de arreglos y componendas con el poder, o entre poderes fácticos, en la cual queda clara una cosa: ni a Kirchner le molestó Clarín (le permitió construir una posición oligopólica), ni al revés (Clarín apoyó al gobierno), hasta que las cosas dejaron de funcionar (por razones que la autora no detalla, hay que comprar el libro).
O sea: por vías idénticas también se llega al mismo resultado.
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