The New Yorker, Adam Green: A pickpocket’s tale. Roxana Robinson: How I get to write.
El País, Raquel Garzón, Quino: Los chicos fueron mis mejores lectores
Letras Libres, Gabriel Zaid: Estar.
Adam Green comienza para The New Yorker un perfil del carterista Apollo Robbins (un carterista de variedades) con un método que es similar al del retratado: de la manera más convencional, con una descripción precisa, mas no detallada, de cómo Robbins es desafiado por el mago Penn Jillette (de Penn & Teller) para de repente mostrar un truco insólito que ni el mismo Jillette se esperaba. Tampoco quien lea estas líneas y luego lea el artículo, porque a diferencia del carterista de calle, Robbins se especializa en que sus víctimas estén sobre aviso. Según Green, cuando entra en acción, “la única explicación posible parece ser la habilidad de echar a andar o detener al tiempo”. Robbins presenta su show en Las Vegas, donde un carterista profesional suramericano le dijo, luego de verlo, que era su hermano y le enseñó un par de trucos. Una vez, vació los bolsillos de todos los escoltas del ex presidente Jimmy Carter. Su método, y su estilo, han llamado la atención de militares y psiquiatras. Fue co-autor de un paper con dos científicos neurales, basado en sus observaciones para robar cosas. Compartió escenario con el psicólogo Daniel Kahneman, premio Nobel por sus trabajos en economía conductual, hablando sobre el fenómeno de la “ceguera por descuido” o “desatención” (inattentional blindness). Sorprendentemente, Robbins tuvo un desarrollo precario de la motricidad fina y gruesa siendo un niño pequeño. Pero de pronto desarrolló habilidades extraordinarias como dibujante, aprendió artes marciales, y destrezas circenses. De su público, dice: “mi meta no es hacerles daño o desconcertarles con un rompecabezas, sino desafiar sus mapas de la realidad”. Otro carterista, ex convicto, le dijo: “tú tienes una personalidad caviar”. En este video podemos ver por qué. El carterismo es su forma de comunicarse.
“En la mañana no hablo con nadie, ni pienso en ciertas cosas”, escribe Roxana Robinson, contando cómo se sienta a escribir todos los días. Usando hábilmente la reiteración de la palabra “I”, tan obligatoria en inglés, y tan pertinente dado el tema, enumera: no lee el periódico, ni escucha noticias. Ni se conecta a internet. El mundo exterior está urgido y es exigente. Una mirada “y todo acabaría”. En la noche, estuvo en otro sitio. Un lugar silencioso cuyas voces quiere seguir escuchando, separado del día por una débil membrana. Si se rompe, no podrá escribir. Si la preserva, podrá dibujar la sombra de ese mundo.
Raquel Garzón entrevista en El País al dibujante Quino, quien presenta su libro “¿Quién anda ahí?” Hablando de su oficio y los resultados o efectos no intencionados del trabajo, ella se inclina a creer más en la intuición artística que en el azar. El responde: “Puede ser. Yo he dibujado páginas que entendí mucho después. Tengo una, por ejemplo, que dibujé durante la última dictadura argentina cuando ya vivía en Italia, de un señor tirado en la calle con gente alrededor, al que un enfermero cubre con una sábana. Espera un ratito, mira el reloj y luego tira de la sábana y el señor no está, y la gente aplaude mucho, como si fuera un mago. Entendí mucho después que era una página sobre los desaparecidos”.
Un tweet de Ibsen Martínez y un comentario de Pablo Antillano en su muro refieren al artículo de Gabriel Zaid en Letras Libres sobre la diferencia entre “ser” y “estar”. Habría surgido con las lenguas derivadas del latín popular, pero se remontaría a sendas raíces indoeuropeas. Para estar, sta (estar de pie, to stand en inglés, stehen en alemán). Para ser, sed (estar sentado). Zaid sostiene que la diferencia se ha explicado en función de la permanencia: no es lo mismo ser triste que estar triste, pero que hay contraejemplos. En suma, no existiría una regla universal. Podríamos observar, sin embargo, que tanto sta como sed -estar de pié o sentado- expresan dos estados estáticos, pero con mayor o menor disposición al movimiento. Tal vez eso dibuje los bordes de la difusa la relación entre ambos.
Ahora estás, ahora no.
Mostrando entradas con la etiqueta Ibsen Martínez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ibsen Martínez. Mostrar todas las entradas
lunes, 7 de enero de 2013
Ahora lo ves, ahora no
Labels:
¿Quién anda ahí?,
Adam Green,
Apollo Robbins,
caricatura,
carterismo,
Daniel Kahneman ceguera,
desaparecidos,
Gabriel Zaid,
Ibsen Martínez,
Las Vegas,
Mafalda,
Pablo Antillano,
página en blanco,
Penn Jillette,
Quino,
Raquel Garzón,
Roxana Robinson,
ser y estar
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Por espejo, en oscuridad
The American Prospect, Tom Carson: la despersonalización de Star Wars Letras Libres, Rodrigo Fresán: historia de dos villanos Letras Libres, Ricardo Cayuela: los plagios de Bryce Nexos: un plagio y su original El Boomerang(g), Jorge Volpi: contra la inquisición moral Jesús Silva-Herzog: un premio infamante Letras Libres, Guillermo Sheridan: moralinas y plagios Ibsen Martínez: la exagerada vida de Rafael Bolívar Coronado
La primera escena de Macbeth cierra con las brujas exclamando en coro: fair is foul and foul is fair. El texto dice lo que vendrá en la pieza: reina el caos, lo que era ya no es, los términos se invierten. La traducción del Instituto Shakespeare de España, propone, sorprendentemente: lo bello es feo y feo lo que es bello. En lugar de decir una cosa y su inversión (como en el original), repite lo mismo. Es decir, lo inverso de lo que es la obra. Shakespeare no hubiera escrito tal estupidez. A veces el sonido de las palabras nos sustrae del lenguaje.
En The American Prospect, Tom Carson presiente algo malo con la compra de Star Wars por parte de Disney. Sin ser un fan, se sorprende admitiendo que su atractivo se basa –paradójicamente- en la impronta de autor de George Lucas sobre lo que vino a ser una franquicia, sobre “toda la estúpida y desquiciada leyenda”, hasta el punto de sentirse incluso en los capítulos dirigidos por otros. Disney jamás podrá imitar “las inhibiciones neo-victorianas”, las torpezas y “nociones de profundidad” de Lucas, cuyo genio acaso haya sido no distinguir entre la confusa banalidad y la perversidad involuntaria revoloteando en su cerebro. Sin ese toque, según Carson, Star Wars carece de todo interés.
Tal vez sea por esa huella inconsciente del autor que la saga acaba siendo la "biografía autorizada" de Darth Vader, como sostuvo Rodrigo Fresán, en Letras Libres de julio del 2005, en su narración de dos transfiguraciones: una conversión y un desenmascaramiento. Y por eso el público de Cannes se levantó “para aplaudir el momento en que Anakin Skywalker “sucumbe a las tentaciones del Lado Oscuro y se mete dentro de una armadura asmática”. Vader, como el tiburón de Spielberg, “aparece poco pero nunca defrauda”, mientras que los Jedi hablan en aforismos cursis como si fueran “frases selectas de Shakespeare”. Anakin se hizo malo porque se cansó de ser el bueno. Es lo inverso a Enric Marco -sigue Fresán- quien pasó de “paladín de la luz” a “miserable de las sombras”, en cuestión de horas. Durante décadas fue presidente de la Asociación Amical de Matthausen, que agrupa a sobrevivientes españoles de los campos de concentración nazis, hasta que un día un historiador lo desenmascaró como trabajador voluntario, enviado por el dictador Franco, y que nunca estuvo en un campo de concentración. Hay malos y malos.
En Letras Libres de Octubre de 2012 Ricardo Cayuela argumenta contra el premio de la Feria Iberoamericana del Libro de Guadalajara, otorgado a Alfredo Bryce Echenique, debido a las acusaciones de plagio en contra del escritor, y lo explica en detalle. No da rodeos ante la truculencia de que Julio Ortega, amigo entrañable de Bryce y testigo a su favor en los juicios en su contra en Perú, haya sido miembro del jurado. La FIL estaría normalizando “el plagio como una práctica menor, una picardía intrascendente a la que tienen derecho los grandes autores”. Algunos plagios habrían sido burdos copy-paste, lo cual indica cierto dominio del ordenador, pero “el analógico ensayista Bryce Echenique no estaba preparado para el nuevo mundo digital”.
Así, la revista Nexos, que publicó varios de sus artículos, tiene un catálogo de sus plagios. Por ejemplo: Eulalia Solé, La Vanguardia, 2005, Uso Social del Tabaco: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables, en buena parte, de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, ligero, o slim, esbelto, pretenden asociar el producto a atributos como libertad, esbeltez, glamour…” No es un texto que atrape al lector. En la pluma de Bryce, publicado en Nexos, 2007, se convierte en Tabaco y Mujer: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables en buena parte de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, slim, esbelto, o ligero, pretenden asociar el consumo a atributos como libertad, esbeltez, glamour…” Lo que intriga es la alteracion del original “light, ligero, o slim, esbelto” que por lo menos es coherente porque explica lo que significan ambas palabras del inglés, para transformarlo en la enumeración mecánica de “light, slim, esbelto, o ligero” como si se tratara de cuatro atributos diferentes. Despersonalizar aún más un texto anodino...con un toque personal.
En El Boomeran(g), el presidente del jurado de la FIL, Jorge Volpi, reaccionó a las críticas con su escrito Ante el comité de Salud Pública, sosteniendo que vendrían de la indignación moralista o la mera denunciación; Volpi presenta su texto simulando una declaración bajo protesta ante un tribunal inquisitorial: “la sola tentación de evaluar en un jurado literario la conducta moral de un escritor, incluso aquella que tiene que ver con su ética de artista, me parece arrogante y peligrosa”, y agrega: “en el acto extremo de apropiarse de las palabras de otros no pude entrever al alevoso criminal que dibujan sus enemigos, sino al artista derrotado que no encontró otra salida”.
En su blog, Jesús Silva-Herzog Márquez califica de infamante el premio a Bryce. Sus defensores estarían recurriendo a juicios de intención, al argumentar que las críticas son parte de una campaña producto de la envidia de talentos menores, o de una peligrosa moralidad. Silva-Herzog reconoce que una cosa es la obra y otra el artista, pero sostiene que en este caso el artista ha traicionado a sus lectores y su oficio. Cita, mal, el artículo de Guillermo Sheridan en Letras Libres, pues coloca “al usurpar la identidad de otro escritor…el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”, mientras que en el original se lee: “al usurpar la singularidad de otro escritor, el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”. Confunde la imagen con su inversión en espejo, el plagio con la falsificación.
Ibsen Martínez se deleita con la exagerada vida de Rafael Bolívar Coronado, quien al parecer sólo podía escribir simulando ser otro: tuvo más de seiscientos seudónimos. Claro que hubo excepciones; una de ellas, Memorias de un semi-bárbaro, escrito autobiográfico que narra sus inicios de falsario, por 1913. Trabajaba en la provincia venezolana para el gobierno del General Gómez, cuando el dictador necesitó una “invasión vigilada”, así lo formula Martínez, que al ser derrotada le permitiera dar un golpe de estado y perpetuarse en el poder. Los chafarotes a cargo confiaron al poeta la tarea de incitar a los exiliados en Curazao, en concreto a Simón "el gordo" Bello, a invadir Venezuela. Dice Martínez: “La parodia y la usurpación de identidades asomaba desde entonces como el método Bolívar Coronado. El semibárbaro inventaba topónimos con pasmosa fluidez y trasteaba desenvueltamente con verosímiles nombres y apellidos falsos. Así, comenzaron a llegarle al gordo Bello sugestivos telegramas y esquelas desde todas las guarniciones, haciendas y pulperías del estado”. La narración del operativo (exitoso) es desternillante. Posiblemente, la graciosa picardía del semibárbaro le costó al gordo Bello la vida, y al país, una dictadura de veintisiete años. Tales méritos bastaron para obtener del dictador un viaje a España, y apenas pisó suelo español, Bolívar Coronado se declaró opositor a la tiranía. Sus peripecias incluyen haber ganado un concurso de cuentos firmando como Arturo Uslar Pietri, la publicación de antologías de poetas bolivianos ficticios, la invención de una colección de crónicas de Indias, que vendió en Madrid al exiliado Rufino Blanco Fombona, y la consiguiente huida a Barcelona, temiendo el filo de su espada, donde fue “corresponsal” de guerras africanas reporteando entre los marineros del puerto. La imagen invertida del plagiario.
Entrevistado para El País, Bryce negó haber plagiado jamás. Las acusaciones serían producto de la maldad y la envidia, las formularía gente de extrema derecha. Y exclama, solo: “Que se jodan”. Son tiempos revueltos, el ruido nos sustrae del lenguaje.
“Fair is foul and foul is fair: Hover through the fog and filthy air”
(Exeunt)
La primera escena de Macbeth cierra con las brujas exclamando en coro: fair is foul and foul is fair. El texto dice lo que vendrá en la pieza: reina el caos, lo que era ya no es, los términos se invierten. La traducción del Instituto Shakespeare de España, propone, sorprendentemente: lo bello es feo y feo lo que es bello. En lugar de decir una cosa y su inversión (como en el original), repite lo mismo. Es decir, lo inverso de lo que es la obra. Shakespeare no hubiera escrito tal estupidez. A veces el sonido de las palabras nos sustrae del lenguaje.
En The American Prospect, Tom Carson presiente algo malo con la compra de Star Wars por parte de Disney. Sin ser un fan, se sorprende admitiendo que su atractivo se basa –paradójicamente- en la impronta de autor de George Lucas sobre lo que vino a ser una franquicia, sobre “toda la estúpida y desquiciada leyenda”, hasta el punto de sentirse incluso en los capítulos dirigidos por otros. Disney jamás podrá imitar “las inhibiciones neo-victorianas”, las torpezas y “nociones de profundidad” de Lucas, cuyo genio acaso haya sido no distinguir entre la confusa banalidad y la perversidad involuntaria revoloteando en su cerebro. Sin ese toque, según Carson, Star Wars carece de todo interés.
Tal vez sea por esa huella inconsciente del autor que la saga acaba siendo la "biografía autorizada" de Darth Vader, como sostuvo Rodrigo Fresán, en Letras Libres de julio del 2005, en su narración de dos transfiguraciones: una conversión y un desenmascaramiento. Y por eso el público de Cannes se levantó “para aplaudir el momento en que Anakin Skywalker “sucumbe a las tentaciones del Lado Oscuro y se mete dentro de una armadura asmática”. Vader, como el tiburón de Spielberg, “aparece poco pero nunca defrauda”, mientras que los Jedi hablan en aforismos cursis como si fueran “frases selectas de Shakespeare”. Anakin se hizo malo porque se cansó de ser el bueno. Es lo inverso a Enric Marco -sigue Fresán- quien pasó de “paladín de la luz” a “miserable de las sombras”, en cuestión de horas. Durante décadas fue presidente de la Asociación Amical de Matthausen, que agrupa a sobrevivientes españoles de los campos de concentración nazis, hasta que un día un historiador lo desenmascaró como trabajador voluntario, enviado por el dictador Franco, y que nunca estuvo en un campo de concentración. Hay malos y malos.
En Letras Libres de Octubre de 2012 Ricardo Cayuela argumenta contra el premio de la Feria Iberoamericana del Libro de Guadalajara, otorgado a Alfredo Bryce Echenique, debido a las acusaciones de plagio en contra del escritor, y lo explica en detalle. No da rodeos ante la truculencia de que Julio Ortega, amigo entrañable de Bryce y testigo a su favor en los juicios en su contra en Perú, haya sido miembro del jurado. La FIL estaría normalizando “el plagio como una práctica menor, una picardía intrascendente a la que tienen derecho los grandes autores”. Algunos plagios habrían sido burdos copy-paste, lo cual indica cierto dominio del ordenador, pero “el analógico ensayista Bryce Echenique no estaba preparado para el nuevo mundo digital”.
Así, la revista Nexos, que publicó varios de sus artículos, tiene un catálogo de sus plagios. Por ejemplo: Eulalia Solé, La Vanguardia, 2005, Uso Social del Tabaco: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables, en buena parte, de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, ligero, o slim, esbelto, pretenden asociar el producto a atributos como libertad, esbeltez, glamour…” No es un texto que atrape al lector. En la pluma de Bryce, publicado en Nexos, 2007, se convierte en Tabaco y Mujer: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables en buena parte de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, slim, esbelto, o ligero, pretenden asociar el consumo a atributos como libertad, esbeltez, glamour…” Lo que intriga es la alteracion del original “light, ligero, o slim, esbelto” que por lo menos es coherente porque explica lo que significan ambas palabras del inglés, para transformarlo en la enumeración mecánica de “light, slim, esbelto, o ligero” como si se tratara de cuatro atributos diferentes. Despersonalizar aún más un texto anodino...con un toque personal.
En El Boomeran(g), el presidente del jurado de la FIL, Jorge Volpi, reaccionó a las críticas con su escrito Ante el comité de Salud Pública, sosteniendo que vendrían de la indignación moralista o la mera denunciación; Volpi presenta su texto simulando una declaración bajo protesta ante un tribunal inquisitorial: “la sola tentación de evaluar en un jurado literario la conducta moral de un escritor, incluso aquella que tiene que ver con su ética de artista, me parece arrogante y peligrosa”, y agrega: “en el acto extremo de apropiarse de las palabras de otros no pude entrever al alevoso criminal que dibujan sus enemigos, sino al artista derrotado que no encontró otra salida”.
En su blog, Jesús Silva-Herzog Márquez califica de infamante el premio a Bryce. Sus defensores estarían recurriendo a juicios de intención, al argumentar que las críticas son parte de una campaña producto de la envidia de talentos menores, o de una peligrosa moralidad. Silva-Herzog reconoce que una cosa es la obra y otra el artista, pero sostiene que en este caso el artista ha traicionado a sus lectores y su oficio. Cita, mal, el artículo de Guillermo Sheridan en Letras Libres, pues coloca “al usurpar la identidad de otro escritor…el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”, mientras que en el original se lee: “al usurpar la singularidad de otro escritor, el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”. Confunde la imagen con su inversión en espejo, el plagio con la falsificación.
Ibsen Martínez se deleita con la exagerada vida de Rafael Bolívar Coronado, quien al parecer sólo podía escribir simulando ser otro: tuvo más de seiscientos seudónimos. Claro que hubo excepciones; una de ellas, Memorias de un semi-bárbaro, escrito autobiográfico que narra sus inicios de falsario, por 1913. Trabajaba en la provincia venezolana para el gobierno del General Gómez, cuando el dictador necesitó una “invasión vigilada”, así lo formula Martínez, que al ser derrotada le permitiera dar un golpe de estado y perpetuarse en el poder. Los chafarotes a cargo confiaron al poeta la tarea de incitar a los exiliados en Curazao, en concreto a Simón "el gordo" Bello, a invadir Venezuela. Dice Martínez: “La parodia y la usurpación de identidades asomaba desde entonces como el método Bolívar Coronado. El semibárbaro inventaba topónimos con pasmosa fluidez y trasteaba desenvueltamente con verosímiles nombres y apellidos falsos. Así, comenzaron a llegarle al gordo Bello sugestivos telegramas y esquelas desde todas las guarniciones, haciendas y pulperías del estado”. La narración del operativo (exitoso) es desternillante. Posiblemente, la graciosa picardía del semibárbaro le costó al gordo Bello la vida, y al país, una dictadura de veintisiete años. Tales méritos bastaron para obtener del dictador un viaje a España, y apenas pisó suelo español, Bolívar Coronado se declaró opositor a la tiranía. Sus peripecias incluyen haber ganado un concurso de cuentos firmando como Arturo Uslar Pietri, la publicación de antologías de poetas bolivianos ficticios, la invención de una colección de crónicas de Indias, que vendió en Madrid al exiliado Rufino Blanco Fombona, y la consiguiente huida a Barcelona, temiendo el filo de su espada, donde fue “corresponsal” de guerras africanas reporteando entre los marineros del puerto. La imagen invertida del plagiario.
Entrevistado para El País, Bryce negó haber plagiado jamás. Las acusaciones serían producto de la maldad y la envidia, las formularía gente de extrema derecha. Y exclama, solo: “Que se jodan”. Son tiempos revueltos, el ruido nos sustrae del lenguaje.
“Fair is foul and foul is fair: Hover through the fog and filthy air”
(Exeunt)
Labels:
Bryce Echenique,
Darth Vader,
Enric Marco,
falsificación,
FIL Guadalajara,
Guillermo Sheridan,
Ibsen Martínez,
Jesus Silva-Herzog,
Jorge Volpi,
plagio,
premio literario,
Rafael Bolívar Coronado,
Ricardo Cayuela,
Rodrigo Fresán,
Star Wars,
Tom Carson
domingo, 1 de julio de 2012
Predicamentos electorales
Reforma: Jorge Volpi: el voto escéptico
Tal Cual: Ibsen Martínez: O Nigeria, o Cuba
En Reforma, Jorge Volpi argumenta su
decisión de voto diciendo primero que jamás fue para él tan frustrante. Del
candidato del PRI, Peña Nieto, dice que no sabe nada de él, a pesar de su
sobreexposición. Ni una idea propia, ni un rasgo de carácter: un espectro.
Josefina Vasquez Mota, la candidata del PAN, le parece una persona seria y
decidida, pero no ha sido capaz de distanciarse de la política de su partido que
llevó a lso 60 mil muertos de la guerra contra el narco. Andrés Manuel López
Obrador no es el inspirado Jefe de Gobierno del D.F. en 2000, ni tampoco el
candidato perdedor del 2006. En aquella elección, “haber "mandado al
diablo" a las instituciones y asumirse como presidente legítimo constituyó…una
enorme irresponsabilidad política”, según Volpi. Su intransigencia le hace
desconfiar. Sólo votará por él debido a la inclusión en el gabinete de Marcelo
Ebrard, jefe de Gobierno del DF, y Juan Ramón de la Fuente, ex rector de la
UNAM, y porque representa un posible desarrollo de una alternativa
socialdemócrata.
En Tal Cual (acceso limitado), Ibsen Martínez describe la “regla del pulgar”
de Graham Greene, que orienta a los observadores extranjeros en las tierras
irredentas: si el tirano de turno es un gritón carismático, dice estar con los
pobres y contra los yanquis, y se proclama de izquierda, es automáticamente el
bueno de la película. Así tratarían al Hugo Chávez de Venezuela. El otro
candidato, Henrique Capriles, sería sólo “el otro tipo”. El petroestado
venezolano no es más que una versión de la antigua corona española y su potestad
sobre las riquezas del subsuelo, que produce el “ogro filantrópico” de Paz, con
súbditos clientelares y no ciudadanos. Bajo Chávez, se ha acercado a…Nigeria,
según leyó Martínez en The Economist:
“Así que ya estamos en Nigeria, amigos; al borde de ser un estado fallido,
aunque concebiblemente rescatable. ¿Daremos un paso al frente para caer en la
pesadilla que es Cuba? ¿Seremos un
estado fallido y, además, irreversiblemente totalitario?
Votaré por el otro tipo.
Llevaré dos más a votar por él. ¿Y usted?”
Labels:
Cuba,
elecciones México,
Enrique Capriles,
estado fallido,
Hugo Chávez,
Ibsen Martínez,
Jorge Volpi,
López Obrador,
Nigeria,
ogro filantrópico,
PAN,
Peña Nieto,
petroestado,
PRD,
PRI,
Vasquez Mota
jueves, 23 de febrero de 2012
La parte por el todo
Alma Guillermoprieto: El Salvador, país condenado por la violencia.
El Mundo Economía y Negocios: Ibsen Martínez sobre las cárceles en
América Latina
New York Times: Nina Menkes: estallido del alma en trance.
El Boomeran(g) presenta en PDF un artículo aparecido en Claves de Razón Práctica, escrito por Alma Guillermoprieto, que
regresa a El Salvador luego de treinta años y no reconoce nada. La
autopista que hoy lleva del aeropuerto a la ciudad no deja entrever la antigua
carretera, en cuyo borde se descubrieron los cuerpos de cuatro religiosas
asesinadas y violadas durante la guerra civil. Tras la apariencia próspera, sin
embargo, se muestra sin mayor disimulo la realidad violenta del país, encarnada
ahora en las bandas llamadas maras, secuela de aquel conflicto armado. Un país
destrozado en su infraestructura, con miles de campesinos desplazados
engrosando los barrios pobres y los gobiernos de la derechista ARENA sin
mostrar mayor preocupación por los pobres, necesitaba para incendiarse sólo la
chispa provista por los hijos de los refugiados salvadoreños en Los Ángeles, que
importaron la cultura gangsteril de la ciudad. Forman parte de una red
trasnacional del crimen, en la que se mezclan las drogas, el secuestro y el
tráfico de personas. Guillermoprieto encuentra una policía sobrepasada; producto
del acuerdo de paz, que comprometió a la inclusión de miembros de ambas partes
del conflicto, bajo supervisión de la ONU, nadie está de su lado, en parte por
su intento en mantenerse neutral. El
original puede verse en The New York
Review of Books.
En El Mundo de Venezuela, Ibsen Martínez comenta
las recientes tragedias carcelarias en Honduras y México como parte de un fenómeno
endémico en América Latina. Un anuario de los incidentes en Venezuela formaría un
grueso volumen, pero sin lectores, pues un rasgo de la deshumanización de la
sociedad es la indiferencia que provocan estos reportes. La corrupción del
sistema judicial sería una manifestación de nuestra disfuncional modernidad,
estatista y clientelar, y tener que pagar por un proceso menos injusto sería el
origen de las masacres carcelarias. La arbitrariedad y el retardo procesal
crearían poderosos incentivos a la corrupción, actuando desde los edificios de
tribunales hasta las celdas.
Martínez implica que las cárceles,
a la vez que ser realidades aparte, conscientemente ignoradas por el mundo
exterior, son una metáfora de este, y que si se quiere saber cómo es una
sociedad basta ver su realidad carcelaria. Coincide -en esto- con el artículo de Christopher
Glazek en N+1, que se refiere a la
situación en EEUU, comentado
anteriormente en este blog.
Al igual que el 1,5% de la
población de El Salvador que forma parte o está vinculada a las maras, es una
expresión de su sociedad.
El New York Times reseña
la retrospectiva de la cineasta Nina Menkes en el UCLA Film &
Television Archive de Los Angeles y en Anthology Film Archives, en Nueva York.
Las películas de Menkes, si no biográficas, son “intensamente personales” y parecen
“emanar directamente de su psique”. Una outsider tanto de la vanguardia, como
del cine experimental, sin “maestros ni seguidores”, su obra está partida en
dos: las películas hechas con su hermana Tinka como actriz, y las que le
siguieron luego de una pausa de diez años. “Me gusta la idea de conjurar
películas, más que dirigirlas o escribirlas”, sostiene. Pero no tienen nada de
esotérico, “derivan su poder visceral de la elegancia y el rigor formal”, a
pesar de que Menkes opera la cámara ella misma, siguiendo la máxima de
Cartier-Bresson, de que hacer una fotografía es “colocar la cabeza, el ojo y el
corazón sobre el mismo eje”.
El tráiler de Phantom Love ilustra muy bien la reseña.
La levitación al final tiene un giro que la aparta de lo típico.
jueves, 2 de febrero de 2012
Cerrar los penales. Golpes a la puerta
El tono comprometido inspira escepticismo, pero la propuesta a contramano del
artículo de Christopher Glazek en la revista N+1 incita a pensar: EEUU no debería
reformar su sistema de prisiones, debería abolirlo: abolir las prisiones. Glazek
falla en decir cómo se ve eso en detalle, pero arguye que la pena de muerte e
incluso el aumento de la delincuencia son moralmente preferibles al infierno de
las prisiones en ese país. Y aporta data: la población penal se cuadruplicó a 2,3
millones de presos en veinte años, hay más violaciones en las cárceles que en
todo el resto del país y tal vez sea el único lugar en toda la historia de la
humanidad en el que se violan más hombres que mujeres. Las penas impuestas son
a veces astronómicas, hay gente que por delitos menores paga cadena perpetua.
Muy pocos logran la reinserción, los más son vueltos a encarcelar, muchos por
violar los términos de la libertad condicional, y una de las causales puede ser
simplemente no haber encontrado trabajo. EEUU celebra todos los años la
disminución de la criminalidad, mientras alimenta un infierno en el cual no hay
ley, una mancha negra en la geografía. Y aporta también historias, como la del
muchacho de 15 años condenado a una pena de 8 en una prisión de adultos, por
lanzar un cóctel Molotov a una pila de basura causando daños por 500 dólares. Fue
en Texas, cuando Bush jr resultó electo gobernador prometiendo mano dura. El
niño fue violado repetidamente, su carta a las autoridades y los pedidos de su
madre no fueron oídos. Un día se quitó la vida.
En su blog, el escritor y dramaturgo Ibsen Martínez recuerda a Juan Carlos Gené,
actor, libretista, dramaturgo y director escénico argentino que vivió 18 años
en Venezuela, habiendo huido de la dictadura en su país. Según Martínez, Gené
cambió la vida de muchos a través de su grupo Actoral 80 (de “voluntariosa
austeridad”), que en esos años era parte de una escena que hoy luce envidiable.
Detestaba la palabra “teatrero” y se consideraba ante todo actor, como debería
ser siempre. Escribió el grueso de su obra dramática en Caracas (su más
recordada pieza: Golpes a mi puerta),
y regresó a su país en 1993, donde falleció, casi en las tablas, el 31 de
enero. Clarín entrega
también una sentida nota con datos de su vida. Eloísa Tarruella grabó (ya no se
filman) un documental: Gené en escena.
La música y el tráiler pueden desanimar un poco al principio, pero la película
parece valer la pena. Se consigue en www.geneenescena.com.ar
y debería ser vista en el país que también fue su hogar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)