jueves, 3 de enero de 2013

El periodismo de calidad: un fracaso de mercado

Meedia, Peter Littger: Aspiraciones y realidad de la prensa alemana

Peter Littger demanda en Meedia que los diarios alemanes dejen de esperar una salvación mágica a la crisis económica de la prensa. El director de Die Zeit, Giovanni Di Lorenzo, habría formulado la pregunta: “¿Cómo se puede financiar un periodismo de alta calidad, de análisis e investigación profundos, el reporte de noticias en todo el mundo, la función crítica de fiscalización?” Para Littger, preguntas de este tipo, con tal amplitud de miras, son precisamente la causa del fracaso de las empresas editoriales. Los diarios y revistas en la RFA se conciben a sí mismos como garantes del debate y discurso públicos, como formadores de una esfera pública democrática. Por lo tanto, se entienden casi como instituciones de interés público, similares a los teatros, las escuelas, museos, y el sistema de medios públicos. Pero esa función sólo podría ser financiada –naturalmente- en tanto los ingresos por publicidad subsidien al periodismo de calidad. Pero al bajar éstos drásticamente, la gran prensa no sería más que un fracaso de mercado, y no puede competir con los presupuestos del sistema estatal de medios. Y mientras el Financial Times de Alemania tuvo que cerrar por un déficit de 21 millones de Euros, la televisora federal ARD está construyendo para su noticiero un estudio por una suma superior. “La pretensión de salvar a la sociedad”, escribe Littger, “se hace cada vez más una amenaza existencial para los supuestos salvadores”. Si a la sociedad le importa tanto -como algunos dicen- la prensa de calidad, debería instaurarse un sistema de financiamiento similar al de los medios radioeléctricos públicos. Además, los productos editoriales necesitan diferenciarse más fuertemente entre sí; algunos, costarle más al consumidor. La prensa diaria desaparecerá muy probablemente, los negocios de las editoriales tienen que diversificarse, y la tradicional división entre información y opinión podría servir de ejemplo para una clara diferenciación, entre contenidos radicalmente comerciales y contenidos totalmente no comerciales.

lunes, 31 de diciembre de 2012

La biblioteca y los escribas

Anil Dash: la Red tomada

Nicholas Carr: el sesgo de la revolución IT

Monday Note: la hegemonía de Google

El País: Tombuctú no tiene quién escriba

En su blog, Anil Dash pena por la web que hemos perdido a manos del universo de las aplicaciones. Era un lugar “interesante y diferente antes de que los links fueran monetizados” por Google mediante AdWords y AdSense, por ejemplo. Se habrían abandonado valores esenciales para el universo de la red. Y de un océano de posibilidades habríamos pasado a la insularidad de las redes sociales.

Nicholas Carr explica en RoughType que las expectativas de Keynes en los años 30 para los próximos 100 años (el progreso científico y económico liberaría a la humanidad del trabajo y la lucha por la subsistencia) no se están cumpliendo. El ingreso general está disminuyendo y sólo se incremente el de una élite. La revolución tecnológica de la computación estaría favoreciendo a una élite de trabajadores calificados y excluyendo a los menos calificados. O así pensaban algunos. Pero, como habría argumentado Paul Krugman, la élite favorecida es la del capital y no la del conocimiento. La industria IT tiene un sesgo a favor del capital. Y eso no es nada auspicioso.

El MondayNote Frédérick Filloux revela que la inminente hegemonía de Google preocupa a muchos. Pero no se refiere a militantes antiglobalización, sino a las grandes compañías de servicios básicos. La data que colecciona y procesa Google es sustancial para las mismas. Y en el contexto de la carga creciente de deuda soberana, muchos servicios serían delegados en empresas privadas. Si consideramos las toneladas de data que Google recoge por el uso de sus servicios, data que por lo demás es geolocalizable gracias a los smartphones, se entenderá la importancia y el poder que tendría en el caso de que, por ejemplo, hubiera de privatizarse el Metro de Londres: data de tráfico desglosada en grupos demográficos, data para hacer compras y ventas, informaciones de Street View, incluso análisis de circuitos eléctrico inteligentes…

En El País, Ignacio Cembrero nos cuenta que Tombuctú ha perdido a su último escriba, Boubacar Sadek. Tomada la ciudad por fanáticos islamistas, Sadek ha huído a Bamako, con cincuenta títulos a cuestas, por 850 kilómetros. Durante diez años copió a mano escritos en lengua árabe. Se estiman entre 180.000 a 300.000 los manuscritos desde la época de esplendor de Tombuctú. El temor es que los radicales los destruyan: ya han derribado muchos de los mausoleos erigidos a 333 santones. Entre las obras en peligro están unos 9000 manuscritos de musulmanes expulsados de España en el siglo XV, que dan testimonio de la vida en esa época.

sábado, 22 de diciembre de 2012

El umbral nacional de la vergüenza

Le Nouvel Observateur, David Caviglioli: Houellebecq regresa en tiempos patrioteros

The New Yorker, Jon Lee Anderson: ¿Cuántos muertos son necesarios? Jeffrey Toobin: la Segunda Enmienda significa otra cosa. Jill Lepore: EEUU, campo de batalla

El País, Moisés Naím: América Latina, el asesinato como costumbre.

En Le Nouvel Observateur, David Caviglioli resalta que mientras Gérard Depardieu se larga de Francia, indignado por el nuevo impuesto de 75% que el gobierno quiere cobrar a quienes ganan más de un millón de Euros anuales, Michel Houellebecq decide regresar porque extraña el idioma francés. En medio de la furia mediática contra Dépardieu, se distancia sin embargo de motivaciones patrióticas. “Yo no soy un ciudadano, ni quiero serlo”, habría dicho en alguna ocasión; Francia sería un “cruce entre museo, parque de atracciones y supermercado”. Sin embargo, su lectura del país place a los franceses. Caviglioli recuerda que mientras el patriotismo más cretino resurge con el caso Depardieu, todo francés tiene todavía el derecho de odiar a su patria, el derecho de abandonarla. Y el de regresar.

En The New Yorker, Jon Lee Anderson pregunta: “¿qué necesita una sociedad para sentir asco de su comportamiento y cambiar sus actitudes?” ¿La masacre en la escuela Sandy Hook de Newtown, Connecticut, llevará a una nueva conciencia sobre la violencia en EEUU y su relación con las armas? En el Reino Unido una masacre en una escuela en Escocia fue el motivo para aprobar una legislación que prohibió el porte de pistolas o armas semiautomáticas. Las tasas de homicidio por arma de fuego en EEUU fueron de 2,97 contra 0,07 por cada cien mil habitantes en Inglaterra y Gales, según un cálculo de The Guardian. ¿Hace falta que alguien asesine a cien niños para que algo cambie? “¿Cuál es nuestro umbral nacional de la vergüenza?”, concluye el artículo. (Aquí y aquí en castellano)

La Segunda Enmienda de la Constitución es invocada por los defensores del derecho a portar armas libremente. Pero Jeffrey Toobin explica que se trata de una interpretación reciente de la misma. La enmienda garantizaría el derecho de las gentes a portar armas para…conformar “milicias bien armadas y reguladas”: una clara inspiración en la Guerra de Independencia, en similitud con el modelo suizo. A partir de los años 70, un golpe de timón en la National Rifle Association (NRA) y el auge conservador encabezado por Ronald Reagan dieron paso a la interpretación (diríase arbitraria) como derecho individual. Toobin refiere a un reportaje de Jill Lepore, quien revela que la discusión sobre control de armas se avivó con el asesinato de Kennedy: Lee Harvey Oswald compró su rifle por correo. Curiosamente, el enfoque actual provendría de la lucha por los derechos civiles. En 1964 Malcolm X habría dicho: “El artículo número dos de las enmiendas constitucionales le otorga a Usted y a mí el derecho de poseer un rifle o una pistola”. Y los Black Panthers habrían promovido el armamentismo de los individuos para defensa propia. “Si estar armado para defensa propia no es visto como un fracaso de la sociedad civil…sino como un acto de ciudadanía, es poca la vida civil que queda en pie”, concluye Lepore.

En un breve artículo en El País, Moisés Naím teme que las reacciones a Sandy Hook pasen a formar parte del perpetuo círculo de indignación y posterior inacción, pero indicarían que por lo menos todavía hay sensibilidad ante los hechos. En América Latina la realidad es infinitamente peor: con apenas 8% de la población mundial, se comete 42% de los asesinatos del planeta, bajo la indiferencia general. La tasa es cinco veces superior a la de EEUU. Ni la pobreza, ni el narcotráfico, ni la desigualdad social alcanzan como explicaciones. Desconcierta que dado el  titular “La gente más asesina del planeta”, y las cifras terribles, el tema se despache casi en una nota al margen. Uno se pregunta dónde está el trabajo editorial del diario. El final es intrigante: “Esta es mi última columna de este año. Regreso en enero. ¡Feliz 2013!”.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Google y la prensa: duelo bajo el sol

The New York Times: en Alemania, gobierno y prensa contra agregadores y motores de búsqueda.                                                                                             Frankfurter Allgemeine Zeitung: la prensa sesgada.                     Frankfurter Allgemeine Zeitung: la promesa vacía de la era digital.          Der Perlentaucher: TV pública y periodismo en la era digital.                         Was mit Medien: Jeff Jarvis: editores alemanes extorsionan a Google.

En The New York Times, Kevin J. O’Brien suministra un resumen de la disputa en Alemania en torno al proyecto de ley (Leistungsschutzrecht), que obligaría a servicios de agregación como Google a pagar licencias a periódicos y revistas por los extractos y titulares que acompañan a los links en los resultados de la búsquedas. Google alega que los medios alemanes han presentado una cobertura sesgada del tema y ha lanzado una agresiva campaña por su cuenta. La contraparte sostiene que iniciativas similares vendrán de otros países europeos y que Google no quiere negociar. Pero los medios pueden, mediante robots, excluir sus productos de las búsquedas, o incluso decidir si aparecen los extractos o solamente los links.

Según expertos del Instituto Max Planck para el Derecho de Bienes y Competencia Inmateriales, el proyecto legal no tiene justificación. Sería un “derecho de interdicción” que los editores a todas luces no quieren implementar, pues de lo contrario harían uso de las posibilidades técnicas arriba descritas. Demostrarían así que usan a los motores de búsqueda para atraer lectores. Por lo tanto se trataría de que los editores, amparados en el derecho interdictorio, buscan otorgar permisos de utilización, “o más exactamente: obtener la posibilidad de lograr ingresos por licencias”.

Frank Rieger, del Chaos Computer Club, y columnista en la Frankfurter Allgemeine Zeitung, echa en cara a este diario y la “prensa de calidad” alemana, el haber ignorado el dictamen de los expertos, salvo para descalificarlos como empleados públicos. El debate se habría caracterizado por la deshonestidad intelectual y los argumentos ad hominem. Ambos lados (la blogósfera, los agregadores y Google por un lado, la editorial Springer con su diario sensacionalista Bild, la prensa seria, los gremios de periodistas y sindicatos por el otro) estarían en una guerra de trincheras, cada cual presentándose como el indefenso y virtuoso David frente al desalmado gigante Goliat. Algunos periodistas e internautas habrían hecho un muy mal papel, dando muestras abiertas de deshonestidad en la argumentación. La diatriba desatiende los temas verdaderamente importantes: el futuro del periodismo, el poder de las corporaciones, la relación entre el mercado y la sociedad. El proyecto de ley apuntaría al desastre. Debería desistirse de él.

En el mismo diario, Frank Schirrmacher recurre a la ironía y los extremos para preguntarse si la era digital implica un cambio revolucionario, o si se trata del mayor golpe publicitario de Silicon Valley. La tecnología que haría de cada ciudadano un canal de TV y un periódico, lo que ha logrado es crear gigantes solitarios monopolizando cada sector (refiriéndose, sin nombrarlos, a Google, Amazon, Facebook y Apple). Se pregunta dónde está el modelo de negocios que funciona en esta nueva economía, llena de start-ups que no llegan a nada. El Huffington Post de la millonaria Ariana Huffington no paga a sus escritores, el resto tiene que descender al foso de la auto-explotación para sobrevivir. El único modelo exitoso sería la Consultoría Digital. Los entusiastas proclaman que hay que vivir con la desaparición de ramos industriales y de profesiones enteras; los activistas reniegan del fetichismo del mercado mientras promueven una “praxis que lo eleva a ley natural de la física social”, en la que las nuevas tecnologías socavan el mismo ideal emancipador que proclaman. La pregunta hoy no sería tanto cómo podría sobrevivir el periodismo de calidad, sino cómo puede sobrevivir una sociedad sin él.

Para Thierry Chervel, de Der Perlentaucher, los jerarcas de la prensa no han encontrado un modelo de negocios para la era digital. Piensan que han debido cobrar por sus contenidos, pero sólo una fracción de los diarios mayores se encontraría gratis online, por lo que han seguido cobrando por ellos. Su demanda de derechos de explotación (Leistungsschutzrecht) hace pensar en la protección de especies en peligro de extinción. Pero por lo menos los medios privados se ven obligados a luchar por su supervivencia. En cambio, la TV pública alemana recibe un nuevo espaldarazo sin rendir cuentas: a partir del 2013, todo usuario de cualquier aparato que se conecte a Internet, deberá pagar una cuota para las televisoras del sistema público. Un sistema injusto en el que alguien de 18 años paga por una programación cuyo público promedia los 63, y que está lleno de redundancias (el mismo programa haciendo circuito por todas las estaciones). La verdad es que en la era digital los géneros (prensa, radio, TV) se han borrado y todo se ha transformado en la Red. Hay que preguntarse cómo debe ser el periodismo de interés público en una esfera de opinión pública completamente alterada por este cambio. Pero a Chervel no se le ocurre más que proponer un fondo para proyectos novedosos.

Was mit Medien entrevista a Jeff Jarvis. El titular y el sumario son en alemán, pero el texto es en inglés (necesita un editor, por cierto). Para Jarvis, la ley del Leistungsschutzrecht es una estúpida ley alemana que además amenaza con contagiar otros países. No entiende la idea de que Google es malvado, y de que se use como insulto el término “capitalismo de Silicon Valley”. Los editores alemanes estarían extorsionando a Google, como si dijeran: “tú estás haciendo mucho dinero, nosotros no; danos algo”. En realidad, si desaparecieran, Google seguiría ganando casi lo mismo. El negocio editorial está profundamente alterado por Internet, “pero es absurdo argumentar una especie de derecho divino para mantener el negocio que se tiene. Es absurdo para los bancos, es absurdo para las automotrices, y es absurdo para las empresas editoriales”, sostiene. En Alemania hace falta mayor transparencia, actualmente no parecería un lugar atractivo para invertir.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Por espejo, en oscuridad

The American Prospect, Tom Carson: la despersonalización de Star Wars Letras Libres, Rodrigo Fresán: historia de dos villanos                              Letras Libres, Ricardo Cayuela: los plagios de Bryce                                Nexos: un plagio y su original                                                                                                   El Boomerang(g), Jorge Volpi: contra la inquisición moral                        Jesús Silva-Herzog: un premio infamante                                                             Letras Libres, Guillermo Sheridan: moralinas y plagios                            Ibsen Martínez: la exagerada vida de Rafael Bolívar Coronado

La primera escena de Macbeth cierra con las brujas exclamando en coro: fair is foul and foul is fair. El texto dice lo que vendrá en la pieza: reina el caos, lo que era ya no es, los términos se invierten. La traducción del Instituto Shakespeare de España, propone, sorprendentemente: lo bello es feo y feo lo que es bello. En lugar de decir una cosa y su inversión (como en el original), repite lo mismo. Es decir, lo inverso de lo que es la obra. Shakespeare no hubiera escrito tal estupidez. A veces el sonido de las palabras nos sustrae del lenguaje.

En The American Prospect, Tom Carson presiente algo malo con la compra de Star Wars por parte de Disney. Sin ser un fan, se sorprende admitiendo que su atractivo se basa –paradójicamente- en la impronta de autor de George Lucas sobre lo que vino a ser una franquicia, sobre “toda la estúpida y desquiciada leyenda”, hasta el punto de sentirse incluso en los capítulos dirigidos por otros. Disney jamás podrá imitar “las inhibiciones neo-victorianas”, las torpezas y “nociones de profundidad” de Lucas, cuyo genio acaso haya sido no distinguir entre la confusa banalidad y la perversidad involuntaria revoloteando en su cerebro. Sin ese toque, según Carson, Star Wars carece de todo interés.

Tal vez sea por esa huella inconsciente del autor que la saga acaba siendo la "biografía autorizada" de Darth Vader, como sostuvo Rodrigo Fresán, en Letras Libres de julio del 2005, en su narración de dos transfiguraciones: una conversión y un desenmascaramiento. Y por eso el público de Cannes se levantó “para aplaudir el momento en que Anakin Skywalker “sucumbe a las tentaciones del Lado Oscuro y se mete dentro de una armadura asmática”. Vader, como el tiburón de Spielberg, “aparece poco pero nunca defrauda”, mientras que los Jedi hablan en aforismos cursis como si fueran “frases selectas de Shakespeare”. Anakin se hizo malo porque se cansó de ser el bueno. Es lo inverso a Enric Marco -sigue Fresán- quien pasó de “paladín de la luz” a “miserable de las sombras”, en cuestión de horas. Durante décadas fue presidente de la Asociación Amical de Matthausen, que agrupa a sobrevivientes españoles de  los campos de concentración nazis, hasta que un día un historiador lo desenmascaró como trabajador voluntario, enviado por el dictador Franco, y que nunca estuvo en un campo de concentración. Hay malos y malos.

En Letras Libres de Octubre de 2012 Ricardo Cayuela argumenta contra el premio de la Feria Iberoamericana del Libro de Guadalajara, otorgado a Alfredo Bryce Echenique, debido a las acusaciones de plagio en contra del escritor, y lo explica en detalle. No da rodeos ante la truculencia de que Julio Ortega, amigo entrañable de Bryce y testigo a su favor en los juicios en su contra en Perú, haya sido miembro del jurado. La FIL estaría normalizando “el plagio como una práctica menor, una picardía intrascendente a la que tienen derecho los grandes autores”.  Algunos plagios habrían sido burdos copy-paste, lo cual indica cierto dominio del ordenador, pero “el analógico ensayista Bryce Echenique no estaba preparado para el nuevo mundo digital”.

Así, la revista Nexos, que publicó varios de sus artículos, tiene un catálogo de sus plagios. Por ejemplo:                                                                                                      Eulalia Solé, La Vanguardia, 2005, Uso Social del Tabaco: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables, en buena parte, de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, ligero, o slim, esbelto, pretenden asociar el producto a atributos como libertad, esbeltez, glamour…”  No es un texto que atrape al lector. En la pluma de Bryce, publicado en Nexos, 2007, se convierte en Tabaco y Mujer: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables en buena parte de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, slim, esbelto, o ligero, pretenden asociar el consumo a atributos como libertad, esbeltez, glamour…” Lo que intriga es la alteracion del original “light, ligero, o slim, esbelto” que por lo menos es coherente porque explica lo que significan ambas palabras del inglés, para transformarlo en la enumeración mecánica de “light, slim, esbelto, o ligero” como si se tratara de cuatro atributos diferentes. Despersonalizar aún más un texto anodino...con un toque personal.

En El Boomeran(g), el presidente del jurado de la FIL, Jorge Volpi, reaccionó a las críticas con su escrito Ante el comité de Salud Pública, sosteniendo que vendrían de la indignación moralista o la mera denunciación; Volpi presenta su texto simulando una declaración bajo protesta ante un tribunal inquisitorial: “la sola tentación de evaluar en un jurado literario la conducta moral de un escritor, incluso aquella que tiene que ver con su ética de artista, me parece arrogante y peligrosa”, y agrega: “en el acto extremo de apropiarse de las palabras de otros no pude entrever al alevoso criminal que dibujan sus enemigos, sino al artista derrotado que no encontró otra salida”.

En su blog, Jesús Silva-Herzog Márquez califica de infamante el premio a Bryce. Sus defensores estarían recurriendo a juicios de intención, al argumentar que las críticas son parte de una campaña producto de la envidia de talentos menores, o de una peligrosa moralidad. Silva-Herzog reconoce que una cosa es la obra y otra el artista, pero sostiene que en este caso el artista ha traicionado a sus lectores y su oficio. Cita, mal, el artículo de Guillermo Sheridan en Letras Libres, pues coloca “al usurpar la identidad de otro escritor…el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”, mientras que en el original se lee: “al usurpar la singularidad de otro escritor, el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”. Confunde la imagen con su inversión en espejo, el plagio con la falsificación.

Ibsen Martínez se deleita  con la exagerada vida de Rafael Bolívar Coronado, quien al parecer sólo podía escribir simulando ser otro: tuvo más de seiscientos seudónimos. Claro que hubo excepciones; una de ellas, Memorias de un semi-bárbaro, escrito autobiográfico que narra sus inicios de falsario, por 1913. Trabajaba en la provincia venezolana para el gobierno del General Gómez, cuando el dictador necesitó una “invasión vigilada”, así lo formula Martínez, que al ser derrotada le permitiera dar un golpe de estado y perpetuarse en el poder. Los chafarotes a cargo confiaron al poeta la tarea de incitar a los exiliados en Curazao, en concreto a Simón "el gordo" Bello, a invadir Venezuela. Dice Martínez: “La parodia y la usurpación de identidades asomaba desde entonces como el método Bolívar Coronado.  El semibárbaro inventaba topónimos con pasmosa fluidez y trasteaba desenvueltamente con   verosímiles nombres y apellidos falsos. Así, comenzaron a llegarle al gordo Bello sugestivos telegramas y esquelas  desde todas las guarniciones, haciendas  y pulperías  del estado”. La narración del operativo (exitoso) es desternillante. Posiblemente, la graciosa picardía del semibárbaro le costó al gordo Bello la vida, y al país, una dictadura de veintisiete años. Tales méritos bastaron para obtener del dictador un viaje a España, y apenas pisó suelo español, Bolívar Coronado se declaró opositor a la tiranía. Sus peripecias incluyen haber ganado un concurso de cuentos firmando como Arturo Uslar Pietri, la publicación de antologías de poetas bolivianos ficticios, la invención de una colección de crónicas de Indias, que vendió en Madrid al exiliado Rufino Blanco Fombona, y la consiguiente huida a Barcelona, temiendo el filo de su espada, donde fue “corresponsal” de guerras africanas reporteando entre los marineros del puerto.                                                                       La imagen invertida del plagiario.

Entrevistado para El País, Bryce negó haber plagiado jamás. Las acusaciones serían producto de la maldad y la envidia, las formularía gente de extrema derecha. Y exclama, solo: “Que se jodan”.                                                                                     Son tiempos revueltos, el ruido nos sustrae del lenguaje.

“Fair is foul and foul is fair:                                                                                                  Hover through the fog and filthy air”

(Exeunt)

jueves, 1 de noviembre de 2012

Amarrando al loco de la ira

Lapham’s Quarterly. Politics: República y guerra tribal.                          Últimas Noticias. Luidig Ochoa, del delito al arte.                                             Luidig Ochoa. Cárcel o Infierno

En el número de otoño de Lapham’s Quarterly -”Politics”-, Lewis Lapham carga en su Prefacio contra el actual estado de la democracia en EEUU, las próximas elecciones presidenciales como fondo. Los textos seleccionados para la ocasión, de muy distintas épocas, contienen “la fuerza de mente y espíritu ausentes de nuestro discurso político actual”, para el que “democracia” no sería más que el nombre antiguo de la tarjeta American Express. Según Thomas Paine, la fortaleza del gobierno y la felicidad de los gobernados provienen de la libertad de la gente común para apoyarse mutuamente, de la conjunción de todos los estamentos y oficios. Pero los founding fathers habrían compartido su desconfianza hacia la monarquía más no su fe en la gente común, y escribieron una Constitución que empleó medios aristocráticos para lograr fines democráticos.  A principios del siglo XX, el presidente de Yale glosó lo que hasta entonces se había logrado: la división de Poderes de la Constitución de EEUU sería entre votantes por una parte y propietarios por la otra; la democracia de un lado, la propiedad del otro. Recién con el New Deal de FD Roosevelt se habría alcanzado ocasionalmente el espíritu de Paine; por momentos, el país pareció, como dijera Camus, el lugar en que “la simple palabra libertad hace latir más rápido los corazones”. Pero bajo el esquema reaccionario que estaría imperando desde hace 30 años, el pulso se ralenta y la sangre se congela. La concentración de poder y riqueza viene acompañada de la desconfianza en la capacidad de los ciudadanos y la construcción de un Estado policial, que se encuentra por encima de toda ley, y que deja caer en la ruina la infraestructura física que es la base del emprendimiento común. Para Lapham, sólo en el mundo fantasioso de un comercial, la democracia americana existe aún: los ciudadanos están invitados a convertir el ejercicio de ciudadanía en el arte de comprar.

Heródoto relata el debate de los siete conjurados, que derrocaron al Rey de Persia, para escoger la mejor forma de gobierno: para Otanes, el tiempo de las monarquías pasó y propone la democracia. Estado y pueblo son sinónimos, y nada hay más caprichoso que un rey, que puede hacer lo que le viene en gana. En cambio, el imperio del pueblo es la igualdad ante la ley, los magistrados son fiscalizados, y los asuntos públicos se debaten. Por su parte, Megabizo también rechaza a la monarquía pero considera que las masas no son más que una turba, por lo cual propone la oligarquía: “Sería intolerable escapar del capricho asesino de un rey para quedar atrapado en la igualmente despiadada brutalidad del populacho”. Darío comparte el rechazo al populacho pero objeta la oligarquía: provoca querellas grupales, que llevan al disenso abierto, que lleva a la violencia. Nada es superior a que el soberano sea uno solo, siempre y cuando éste sea el mejor. Sometido a votación el asunto, gana la monarquía. El futuro rey ha de ser escogido en competición entre los siete nobles. Otanes se retira, arguyendo que no desea “mandar ni ser mandado”.  Darío gana la gesta, con trampa. Ni siquiera tiene que urdirla: la encarga a su palafrenero.

El número tiene varias entradas relacionadas a la igualdad de la mujer. La anarquista Emma Goldmann considera al sufragio universal el fetiche de su tiempo, y se opone al voto femenino (y al masculino). El sufragio universal es “una imposición que ha corrompido completamente al pueblo, haciéndolo presa de políticos inescrupulosos”. Si bien la mujer debe tener iguales derechos, asumir que “tendrá éxito purificando algo que no es purificable, es otorgarle poderes sobrenaturales”.  La mujer es purista, su puritanismo se vanagloria de que en Colorado “los hombres de vida poluta” hayan sido alejados de la política por el voto femenino. Este logro es para Goldman terrible: “la actitud estrecha y purista de la mujer hacia la vida hace de ella un mayor peligro para la libertad, dondequiera que obtenga poder político”.

Daniel Alarcón comienza su artículo, efectivo: “Cada pabellón de la cárcel de Lurigancho está liderado por un jefe, una figura rankeada en el submundo de Lima, cuya autoridad en el pabellón es incuestionable. El pabellón siete en El Jardín, reservado a traficantes internacionales de drogas, es la excepción”. Allí hay democracia y estamos en elecciones. Dos planchas compiten. Hay promesas populistas, una terapia de schock “neoliberal” y compra de votos.

En 2007 el presidente de Kenia Mwai Kibaki, de la etnia Kikuyu, y sus partidarios se robaron las elecciones presidenciales, que habían perdido, con el antecedente de que las elecciones anteriores de 2002 y 2005 habían sido consideradas libres y limpias. Jeffrey Gettleman  narra la caída de uno de los países más prósperos del África subsahariana en el lapso de una semana: “Era horriblemente claro lo que estaba sucediendo –la guerra tribal- y que un prometedor PBI o las estadísticas de alfabetización habían dejado de ser relevantes”. El Valle del Rift, que debido a su fertilidad había albergado durante años a las distintas etnias del país, pasó de ser una zona cosmopolita a epicentro de la violencia: “un hombre Kikuyu que vivía cerca de la iglesia incendiada me contó que la noche después de la elección una turba se formó a su puerta. Cuando su mujer y sus niños comenzaron a tener miedo, le dijo, no se preocupen, yo conozco a esta gente. Voy a hablar con ellos. Así que salió y le dijo a los jóvenes Kalenyin parados en el peldaño de la casa: Hola ¿qué es lo que pasa? Hemos sido amigos durante años. Pero la turba de Kalenyin lo miró fríamente y dijo hoy es hoy. Ya no eres nuestro amigo. Entonces quemaron todo lo que tenía”.

En Ultimas Noticias, Laura Weffer cuenta la historia de Luidig Ochoa: su cuerpo tiene 8 tatuajes, 15 disparos y varias puñaladas. Fue condenado a prisión en Venezuela. Su prontuario le permitió ubicarse como “lucero”, o lugarteniente de los jefes. En un cuaderno llevó un diario gráfico: Luidig sabe dibujar. Al salir, vendió su pistola para comprar una computadora y no sabía ni dónde se encendía. Ahora es el autor de una serie de animación que sube por capítulos a YouTube, llamada “Cárcel o Infierno”: tiene 7,5 millones de reproducciones y un extraordinario poder expresivo. Dice: “Tengo al loco de la ira amarrado”. La nota aparece en “Sucesos” y no en “Cultura”. Este es su canal. Aquí se muestra sólo el primer capítulo.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=rhmM_mqKBbk&w=420&h=315]

domingo, 28 de octubre de 2012

La Ilustración contra el Estado totalitario

Provea, Margarita López Maya: Estado Comunal desecha el sufragio  Smithsonian Magazine: Lapham’s Quarterly, tras el ideal de la Ilustración

En el blog de la organización de derechos humanos PROVEA, Margarita López Maya sintetiza lo que hay detrás de la consigna del Estado Comunal del gobierno venezolano. Los Consejos Comunales fueron mencionados por primera vez en una ley especial del año 2002, como instancias de la sociedad civil (pregunta: si es así, ¿cómo puede entonces crearlos el Estado?). Posteriormente pasan a ser abiertamente brazos ejecutorios del Poder Central, vinculados directamente al Presidente de la República. El Poder Popular no nace del sufragio “ni de elección alguna sino nace de la condición de los grupos humanos organizados con base de la población”. Pero la propuesta fue rechazada en referéndum el año 2007. Sin embargo, el gobierno venezolano, a través de la Asamblea Nacional dominada por el chavismo, la ha aprobado en forma ilegal. En 2009 una ministra de Hugo Chávez llamó en cadena nacional de medios radioeléctricos a que los Consejos Comunales se incorporaran a la campaña para aprobar la reelección indefinida a favor de Chávez y su partido. Escribe López Maya: “El Estado Comunal emergente desecha instituciones políticas de la democracia liberal, como el sufragio universal, directo y secreto, el pluralismo, la alternancia en el poder y la independencia y autonomía de los poderes públicos, acusando importantes tendencias autoritarias.”

Para Ron Rosenbaum, en Smithsonian Magazine Lewis Lapham y su revista Lapham’s Quarterly se enfrentan a la paradoja de la era digital, que por un lado pone a disposición todo el conocimiento humano, mientras por el otro lo ahoga en un caos de trivia y parafernalia online. “Goethe dijo que quien no pueda apoyarse en 3000 años de aprendizaje vive con una mano adelante y otra detrás”, sostiene Lapham. La revista trimestral fue creada hace cinco años “con la misión quijotesca de servir como un motor de búsqueda altamente selectivo del saber del pasado”. El método es sencillo: la revista tiene estilo monográfico, su detonante es la actualidad (el número corriente se llama “Política”, debido a las elecciones presidenciales en EEUU), y ofrece una curaduría de textos de distintas épocas alrededor del tópico. Siendo editor de Harper’s de 1974 a 2006, Lapham atrajo a escritores como Tom Wolfe, David Foster Wallace, y Chistopher Hitchens, e impulsó la escritura en primera persona. Tenía la idea de que esta forma podía ser “más, en lugar de menos verdadera”, “mostrando cuánto más artístico y exacto podía resultar escribir en primera persona”. Según Rosenbaum, Lapham es un hombre de la Ilustración, guiado por el ideal enciclopédico de Diderot, para el que Facebook encarna “muchas de las características de la Santa Inquisición. Me refiero a su capacidad de data-mining. O lo que tenía en mente Torquemada. Quiero decir, la NKVD y la Gestapo eran agregadores de contenido”.

jueves, 25 de octubre de 2012

Cuando falla la prensa (quedan los blogs)

No sólo con la palabra, John Manuel Silva: cuestionar a la mayoría.  Tracción de sangre, José Roberto Duque: Revolución Comunal  Venezuelan Politics and Human Rights: La cámara del eco

En su blog No Sólo con la Palabra, John Manuel Silva reivindica su derecho a cuestionar a quienes votan por el gobierno. La polarización en Venezuela se debería a un proyecto que pretende “pulverizar” a sus opositores. Esto implica no reconocerles, por lo que a su vez, estos encuentran “imposible convivir con quienes los gobiernan”. Los amigos chavistas serían capaces de visitarlo y hasta cuidarlo en el hospital si la Guardia Nacional lo reprimiera, pero incapaces de exigir que no lo repriman.  El chavismo es una mayoría que no cree en el derecho ajeno, que en lo personal quiere a sus amigos opositores, pero que no está dispuesta a abogar por sus derechos. “La paz”, sostiene Silva, “no viene de abogar por mis amigos, sino de hacerlo por mis enemigos, por quien desprecio, por quien me repugna”. El dato del texto se debe a Caracas Chronicles.

Para José Roberto Duque, en Tracción de Sangre, es falso que sólo  habrá revolución mientras el chavismo gane elecciones, y opone a la euforia electoral el trabajo cotidiano. Chávez es un aliado, pero la lucha estaría en las bases, especialmente en la creación del Estado Comunal. Esto tomará decenios, según Duque, con aciertos y errores. Una revolución no es un acto de gobierno, y no se puede por lo tanto pretender que sean los jerarcas quienes la hagan. Tampoco implica acabar con la oposición, porque un hipotético país donde todos sean chavistas se anquilosaría inmediatamente. Supone incluso que la oposición ganará algún día y entonces prevé represión y persecuciones, porque toda revolución es por definición “ilegal”, pero no por eso se detendrá. Tomado del blogroll de Mi Jaragual

En Venezuelan Politics and Human Rights, David Smilde encuentra dos elementos en el corazón del fenómeno de la polarización. El primero, una dualidad amigo-enemigo que penetra a extremos únicos la esfera pública. Enumera varios artículos tomados de El Universal como demostración de la “ensordecedora” exageración de una victoria inevitable de Capriles. Sin negar el carácter también falsificador de los medios públicos, los medios privados habrían contribuido grandemente al autoengaño opositor. El otro efecto, muy relacionado, sería el de la “cámara de eco”. La gente sólo se reúne con quienes tienen la misma opinión y se produce un “aislamiento de relaciones” que se manifiesta en ambos bandos. En Venezuela incluso las encuestas son polarizadas, con diferencias entre sí de hasta 30 puntos. Como ejemplo de estos dos efectos coloca a la encuestadora Consultores 21, que dio ganador a Capriles, y cuyos números insuflaban ánimo a la oposición, ignorándose datos como el sesgo de 20 puntos en el referéndum del 2004, y de diez en el de 2009. Una gráfica con el crecimiento de la oposición a lo largo de los procesos electorales ha debido ser leída con variables que la contradicen: incremento de la aprobación del Presidente, incremento de ingresos.

Una clara muestra de cuando la prensa falla, sea oficial o privada.

martes, 23 de octubre de 2012

Traidores y héroes, mártires y espías

The New York Review of Books: Contra Hitler desde la inteligencia militar. Letras Libres: la historia no contada de Roque Dalton.

La Alemania nazi estableció bajo una pátina de legalidad un sistema que apuntó a exterminar cualquier disidencia, utilizando el aparato estatal y público. En tales condiciones hegemónicas, la resistencia fue rara, según escriben Elisabeth Sifton y Fritz Stern en The New York Review of Books.  Pero el abogado Hans von Dohnanyi y su cuñado, el pastor protestante Dietrich Bonhöffer, lograron conspirar desde dentro de la contrainteligencia militar alemana, la llamada Abwehr. Dohnanyi entró en 1929 al Ministerio de Justicia; conoció desde el inicio los crímenes nazis y recopiló secretamente pruebas, guardándolas en una base militar en Zossen. Se acercó a los oficiales de la Wehrmacht que quisieron derrocar a Hitler para evitar la guerra en Checoslovaquia, pero el appeasement franco-británico entregó al país en 1938. Bonhoeffer mantuvo una notoria postura crítica frente al régimen y su intento de crear una iglesia protestante limpia de “elementos judíos”. Su mentor en EEUU, el teólogo e intelectual Reinhold Niebuhr, le ofreció refugio, pero regresó a Alemania: tenía que buscar la derrota de su país para salvar la civilización cristiana. Ambos lograron entrar a la Abwehr, librándose de la conscripción. La conspiración se intensificó con la invasión a la URSS en 1941 (“inicio de una barbarie organizada como Europa no había nunca visto”, escriben los autores) y la conferencia de Wannsee que lanzó la “solución final de la cuestión judía”. Dohnanyi y Bonhöffer lograron sacar a catorce alemanes judíos hacia Suiza, como agentes de la Abwehr. En 1943 fueron hechos presos, pero sus carceleros no lograron sacarles nada. Sin embargo, la Gestapo encontró los papeles de Zossen. Hitler, iracundo y al borde de la derrota ordenó su liquidación. Dohnanyi, enfermo y drogado, fue colgado en Sachsenhausen. Bonhoeffer, en el campo de Flossenbürg, con las tropas americanas respirándole en la nuca a los alemanes. Ambos sucumbieron al último espasmo asesino del régimen. Sesenta y siete años después, la hija de Niebuhr, Elisabeth Sifton, les rinde el homenaje de este artículo, por haber –como dijera Dohnanyi- tomado “el camino inevitable de toda persona decente”.

Charles Lane entrega un reportaje en Letras Libres sobre el caso del poeta salvadoreño Roque Dalton, fusilado por sus compañeros de armas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1975, tras un “juicio popular”. La acusación de que el poeta era un agente de la CIA se revela como falsa; documentos desclasificados registran que si bien fue presionado en 1964, siendo miembro del Partido Comunista de El Salvador, “el retrato de Dalton que de ahí surge no es ni traicionero ni heroico…no cedió al chantaje de la CIA, pero su comportamiento durante el interrogatorio no fue tan audaz como él mismo sugeriría más tarde”. Dalton sí habría sido agente, pero de la Dirección General de Inteligencia de Cuba, con el alias de “Juan Montenegro”. Un desertor lo describe como inteligente, pero dado a la bebida y a las mujeres. Los cubanos habrían instado al líder del ERP, Alejandro Rivas Mina, a aceptar a Dalton como asesor político; dado el carácter indisciplinado del poeta esto habría equivalido a buscar deliberadamente un enfrentamiento. “Para principios de la década de 1970, Dalton sabía más sobre el funcionamiento interno del Estado cubano que una década atrás, y su afición por la bebida y las mujeres había empeorado mucho”, sostiene Lane, y aventura: “De una u otra forma, por el riesgo que representaba, Roque Dalton estaba destinado a ser anulado. Y, el 10 de mayo de 1975, lo fue”.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Leitmotif

The New Yorker, Aleksandar Hemon: Cloud Atlas, obra a seis manos de los hermanos Wachowski y Tom Tykwer.                                                                        Nexos: Milan Kundera sobre Carlos Fuentes                                                                New York Times Magazine: David Mitchell sobre su novela llevada al cine.

En The New Yorker, Aleksandar Hemon entrega un reportaje que narra al mismo tiempo la creación de la película Cloud Atlas, dirigida por los hermanos Lana y Andy Wachowski, junto con Tom Tykwer, basada en la novela de David Mitchell, y la vida y carrera de los autores de The Matrix. Hijos de un hombre de negocios y una enfermera fanáticos del fine, los hermanos (son 4) crecieron viendo películas. Tras ver 2001 Odisea del Espacio (dos historias no conectadas: una en la prehistoria, otra en el futuro), de Stanley Kubrick, Lana (quien es transgénero y se llamó Larry hasta 2002) quedó intrigada con el monolito que de pronto aparece entre los homínidos. La respuesta del padre: es un símbolo, marcó su enfoque hacia el cine. Larry y Andy hicieron de su casa, y la vida en general, un campo de juegos y aventuras. Ya mayores, formaron una empresa de construcción y remodelaciones sin ser ingenieros; entre otras cosas, construyeron un foso de ascensor sin planos. De extendido sentido familiar, adoptaron a Tykwer como “hermano perdido”, luego de ver su película Lola Corre (una reelaboración de El Azar, de Kieslowski: dependiendo de si el protagonista logra tomar un tren, tendrá tres destinos, tres historias distintas). Puede ser una exageración de Borges haber escrito que acaso la historia universal sea la de unas cuantas metáforas, pero la idea se aplica al arte. El tema de The Matrix, la precaria separación entre mundo real y virtual, asemeja al de La invención de Morel, de Bioy Casares, y en ambas todo es obra de máquinas. De ahí, pasando por la impresión que una película con dos historias separadas provoca en unos niños, y la reelaboración de Kieslowski por Tykwer, se llega a las seis historias en distintos tiempos y espacios, de la novela Cloud Atlas, de la que Mitchell pensó: “es una lástima que sea infilmable”. Porque las tramas, que se relacionan por motivos recurrentes, se desarrollan cronológicamente hasta la mitad del libro y luego se invierten, de forma que todo comienza y termina en el siglo XIX. Tykwer y los Wachowski se retiraron a una casa en Costa Rica a escribir el guión. Desglosaron la novela por escenas, las anotaron en fichas de colores, las reordenaron cuantas veces pudieron. Sin éxito. Apenas el último día dieron con la fórmula. Es la misma de Terra Nostra de Carlos Fuentes, comentada por Kundera: “Una vida no basta. Se necesitan múltiples existencias para integrar una personalidad”. Un mismo actor pasaría a representar diferentes personajes, “actuando almas, no personajes”, según Tykwer.

En The New York Times Magazine, David Mitchell da (sin quererlo) una buena razón para leer el libro antes de ver la película: los actores encuentran matices insospechados la memoria del personaje original antes de ser encarnado desaparece, incluso para el autor que los creó. La estructura del tipo de matrioskas rusas de la novela dio paso a una de mosaico en la película: “no se le puede pedir al espectador que comience por sexta vez a ver la película luego de cien minutos”.