miércoles, 14 de noviembre de 2012

Por espejo, en oscuridad

The American Prospect, Tom Carson: la despersonalización de Star Wars Letras Libres, Rodrigo Fresán: historia de dos villanos                              Letras Libres, Ricardo Cayuela: los plagios de Bryce                                Nexos: un plagio y su original                                                                                                   El Boomerang(g), Jorge Volpi: contra la inquisición moral                        Jesús Silva-Herzog: un premio infamante                                                             Letras Libres, Guillermo Sheridan: moralinas y plagios                            Ibsen Martínez: la exagerada vida de Rafael Bolívar Coronado

La primera escena de Macbeth cierra con las brujas exclamando en coro: fair is foul and foul is fair. El texto dice lo que vendrá en la pieza: reina el caos, lo que era ya no es, los términos se invierten. La traducción del Instituto Shakespeare de España, propone, sorprendentemente: lo bello es feo y feo lo que es bello. En lugar de decir una cosa y su inversión (como en el original), repite lo mismo. Es decir, lo inverso de lo que es la obra. Shakespeare no hubiera escrito tal estupidez. A veces el sonido de las palabras nos sustrae del lenguaje.

En The American Prospect, Tom Carson presiente algo malo con la compra de Star Wars por parte de Disney. Sin ser un fan, se sorprende admitiendo que su atractivo se basa –paradójicamente- en la impronta de autor de George Lucas sobre lo que vino a ser una franquicia, sobre “toda la estúpida y desquiciada leyenda”, hasta el punto de sentirse incluso en los capítulos dirigidos por otros. Disney jamás podrá imitar “las inhibiciones neo-victorianas”, las torpezas y “nociones de profundidad” de Lucas, cuyo genio acaso haya sido no distinguir entre la confusa banalidad y la perversidad involuntaria revoloteando en su cerebro. Sin ese toque, según Carson, Star Wars carece de todo interés.

Tal vez sea por esa huella inconsciente del autor que la saga acaba siendo la "biografía autorizada" de Darth Vader, como sostuvo Rodrigo Fresán, en Letras Libres de julio del 2005, en su narración de dos transfiguraciones: una conversión y un desenmascaramiento. Y por eso el público de Cannes se levantó “para aplaudir el momento en que Anakin Skywalker “sucumbe a las tentaciones del Lado Oscuro y se mete dentro de una armadura asmática”. Vader, como el tiburón de Spielberg, “aparece poco pero nunca defrauda”, mientras que los Jedi hablan en aforismos cursis como si fueran “frases selectas de Shakespeare”. Anakin se hizo malo porque se cansó de ser el bueno. Es lo inverso a Enric Marco -sigue Fresán- quien pasó de “paladín de la luz” a “miserable de las sombras”, en cuestión de horas. Durante décadas fue presidente de la Asociación Amical de Matthausen, que agrupa a sobrevivientes españoles de  los campos de concentración nazis, hasta que un día un historiador lo desenmascaró como trabajador voluntario, enviado por el dictador Franco, y que nunca estuvo en un campo de concentración. Hay malos y malos.

En Letras Libres de Octubre de 2012 Ricardo Cayuela argumenta contra el premio de la Feria Iberoamericana del Libro de Guadalajara, otorgado a Alfredo Bryce Echenique, debido a las acusaciones de plagio en contra del escritor, y lo explica en detalle. No da rodeos ante la truculencia de que Julio Ortega, amigo entrañable de Bryce y testigo a su favor en los juicios en su contra en Perú, haya sido miembro del jurado. La FIL estaría normalizando “el plagio como una práctica menor, una picardía intrascendente a la que tienen derecho los grandes autores”.  Algunos plagios habrían sido burdos copy-paste, lo cual indica cierto dominio del ordenador, pero “el analógico ensayista Bryce Echenique no estaba preparado para el nuevo mundo digital”.

Así, la revista Nexos, que publicó varios de sus artículos, tiene un catálogo de sus plagios. Por ejemplo:                                                                                                      Eulalia Solé, La Vanguardia, 2005, Uso Social del Tabaco: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables, en buena parte, de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, ligero, o slim, esbelto, pretenden asociar el producto a atributos como libertad, esbeltez, glamour…”  No es un texto que atrape al lector. En la pluma de Bryce, publicado en Nexos, 2007, se convierte en Tabaco y Mujer: “Según un estudio publicado por la revista Addiction, las grandes empresas tabaqueras son responsables en buena parte de que el hábito de fumar se haya incrementado entre las mujeres. Cajetillas con modalidades como light, slim, esbelto, o ligero, pretenden asociar el consumo a atributos como libertad, esbeltez, glamour…” Lo que intriga es la alteracion del original “light, ligero, o slim, esbelto” que por lo menos es coherente porque explica lo que significan ambas palabras del inglés, para transformarlo en la enumeración mecánica de “light, slim, esbelto, o ligero” como si se tratara de cuatro atributos diferentes. Despersonalizar aún más un texto anodino...con un toque personal.

En El Boomeran(g), el presidente del jurado de la FIL, Jorge Volpi, reaccionó a las críticas con su escrito Ante el comité de Salud Pública, sosteniendo que vendrían de la indignación moralista o la mera denunciación; Volpi presenta su texto simulando una declaración bajo protesta ante un tribunal inquisitorial: “la sola tentación de evaluar en un jurado literario la conducta moral de un escritor, incluso aquella que tiene que ver con su ética de artista, me parece arrogante y peligrosa”, y agrega: “en el acto extremo de apropiarse de las palabras de otros no pude entrever al alevoso criminal que dibujan sus enemigos, sino al artista derrotado que no encontró otra salida”.

En su blog, Jesús Silva-Herzog Márquez califica de infamante el premio a Bryce. Sus defensores estarían recurriendo a juicios de intención, al argumentar que las críticas son parte de una campaña producto de la envidia de talentos menores, o de una peligrosa moralidad. Silva-Herzog reconoce que una cosa es la obra y otra el artista, pero sostiene que en este caso el artista ha traicionado a sus lectores y su oficio. Cita, mal, el artículo de Guillermo Sheridan en Letras Libres, pues coloca “al usurpar la identidad de otro escritor…el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”, mientras que en el original se lee: “al usurpar la singularidad de otro escritor, el plagiario comete la única falta moral posible en su oficio: dejar de ser él mismo”. Confunde la imagen con su inversión en espejo, el plagio con la falsificación.

Ibsen Martínez se deleita  con la exagerada vida de Rafael Bolívar Coronado, quien al parecer sólo podía escribir simulando ser otro: tuvo más de seiscientos seudónimos. Claro que hubo excepciones; una de ellas, Memorias de un semi-bárbaro, escrito autobiográfico que narra sus inicios de falsario, por 1913. Trabajaba en la provincia venezolana para el gobierno del General Gómez, cuando el dictador necesitó una “invasión vigilada”, así lo formula Martínez, que al ser derrotada le permitiera dar un golpe de estado y perpetuarse en el poder. Los chafarotes a cargo confiaron al poeta la tarea de incitar a los exiliados en Curazao, en concreto a Simón "el gordo" Bello, a invadir Venezuela. Dice Martínez: “La parodia y la usurpación de identidades asomaba desde entonces como el método Bolívar Coronado.  El semibárbaro inventaba topónimos con pasmosa fluidez y trasteaba desenvueltamente con   verosímiles nombres y apellidos falsos. Así, comenzaron a llegarle al gordo Bello sugestivos telegramas y esquelas  desde todas las guarniciones, haciendas  y pulperías  del estado”. La narración del operativo (exitoso) es desternillante. Posiblemente, la graciosa picardía del semibárbaro le costó al gordo Bello la vida, y al país, una dictadura de veintisiete años. Tales méritos bastaron para obtener del dictador un viaje a España, y apenas pisó suelo español, Bolívar Coronado se declaró opositor a la tiranía. Sus peripecias incluyen haber ganado un concurso de cuentos firmando como Arturo Uslar Pietri, la publicación de antologías de poetas bolivianos ficticios, la invención de una colección de crónicas de Indias, que vendió en Madrid al exiliado Rufino Blanco Fombona, y la consiguiente huida a Barcelona, temiendo el filo de su espada, donde fue “corresponsal” de guerras africanas reporteando entre los marineros del puerto.                                                                       La imagen invertida del plagiario.

Entrevistado para El País, Bryce negó haber plagiado jamás. Las acusaciones serían producto de la maldad y la envidia, las formularía gente de extrema derecha. Y exclama, solo: “Que se jodan”.                                                                                     Son tiempos revueltos, el ruido nos sustrae del lenguaje.

“Fair is foul and foul is fair:                                                                                                  Hover through the fog and filthy air”

(Exeunt)

jueves, 1 de noviembre de 2012

Amarrando al loco de la ira

Lapham’s Quarterly. Politics: República y guerra tribal.                          Últimas Noticias. Luidig Ochoa, del delito al arte.                                             Luidig Ochoa. Cárcel o Infierno

En el número de otoño de Lapham’s Quarterly -”Politics”-, Lewis Lapham carga en su Prefacio contra el actual estado de la democracia en EEUU, las próximas elecciones presidenciales como fondo. Los textos seleccionados para la ocasión, de muy distintas épocas, contienen “la fuerza de mente y espíritu ausentes de nuestro discurso político actual”, para el que “democracia” no sería más que el nombre antiguo de la tarjeta American Express. Según Thomas Paine, la fortaleza del gobierno y la felicidad de los gobernados provienen de la libertad de la gente común para apoyarse mutuamente, de la conjunción de todos los estamentos y oficios. Pero los founding fathers habrían compartido su desconfianza hacia la monarquía más no su fe en la gente común, y escribieron una Constitución que empleó medios aristocráticos para lograr fines democráticos.  A principios del siglo XX, el presidente de Yale glosó lo que hasta entonces se había logrado: la división de Poderes de la Constitución de EEUU sería entre votantes por una parte y propietarios por la otra; la democracia de un lado, la propiedad del otro. Recién con el New Deal de FD Roosevelt se habría alcanzado ocasionalmente el espíritu de Paine; por momentos, el país pareció, como dijera Camus, el lugar en que “la simple palabra libertad hace latir más rápido los corazones”. Pero bajo el esquema reaccionario que estaría imperando desde hace 30 años, el pulso se ralenta y la sangre se congela. La concentración de poder y riqueza viene acompañada de la desconfianza en la capacidad de los ciudadanos y la construcción de un Estado policial, que se encuentra por encima de toda ley, y que deja caer en la ruina la infraestructura física que es la base del emprendimiento común. Para Lapham, sólo en el mundo fantasioso de un comercial, la democracia americana existe aún: los ciudadanos están invitados a convertir el ejercicio de ciudadanía en el arte de comprar.

Heródoto relata el debate de los siete conjurados, que derrocaron al Rey de Persia, para escoger la mejor forma de gobierno: para Otanes, el tiempo de las monarquías pasó y propone la democracia. Estado y pueblo son sinónimos, y nada hay más caprichoso que un rey, que puede hacer lo que le viene en gana. En cambio, el imperio del pueblo es la igualdad ante la ley, los magistrados son fiscalizados, y los asuntos públicos se debaten. Por su parte, Megabizo también rechaza a la monarquía pero considera que las masas no son más que una turba, por lo cual propone la oligarquía: “Sería intolerable escapar del capricho asesino de un rey para quedar atrapado en la igualmente despiadada brutalidad del populacho”. Darío comparte el rechazo al populacho pero objeta la oligarquía: provoca querellas grupales, que llevan al disenso abierto, que lleva a la violencia. Nada es superior a que el soberano sea uno solo, siempre y cuando éste sea el mejor. Sometido a votación el asunto, gana la monarquía. El futuro rey ha de ser escogido en competición entre los siete nobles. Otanes se retira, arguyendo que no desea “mandar ni ser mandado”.  Darío gana la gesta, con trampa. Ni siquiera tiene que urdirla: la encarga a su palafrenero.

El número tiene varias entradas relacionadas a la igualdad de la mujer. La anarquista Emma Goldmann considera al sufragio universal el fetiche de su tiempo, y se opone al voto femenino (y al masculino). El sufragio universal es “una imposición que ha corrompido completamente al pueblo, haciéndolo presa de políticos inescrupulosos”. Si bien la mujer debe tener iguales derechos, asumir que “tendrá éxito purificando algo que no es purificable, es otorgarle poderes sobrenaturales”.  La mujer es purista, su puritanismo se vanagloria de que en Colorado “los hombres de vida poluta” hayan sido alejados de la política por el voto femenino. Este logro es para Goldman terrible: “la actitud estrecha y purista de la mujer hacia la vida hace de ella un mayor peligro para la libertad, dondequiera que obtenga poder político”.

Daniel Alarcón comienza su artículo, efectivo: “Cada pabellón de la cárcel de Lurigancho está liderado por un jefe, una figura rankeada en el submundo de Lima, cuya autoridad en el pabellón es incuestionable. El pabellón siete en El Jardín, reservado a traficantes internacionales de drogas, es la excepción”. Allí hay democracia y estamos en elecciones. Dos planchas compiten. Hay promesas populistas, una terapia de schock “neoliberal” y compra de votos.

En 2007 el presidente de Kenia Mwai Kibaki, de la etnia Kikuyu, y sus partidarios se robaron las elecciones presidenciales, que habían perdido, con el antecedente de que las elecciones anteriores de 2002 y 2005 habían sido consideradas libres y limpias. Jeffrey Gettleman  narra la caída de uno de los países más prósperos del África subsahariana en el lapso de una semana: “Era horriblemente claro lo que estaba sucediendo –la guerra tribal- y que un prometedor PBI o las estadísticas de alfabetización habían dejado de ser relevantes”. El Valle del Rift, que debido a su fertilidad había albergado durante años a las distintas etnias del país, pasó de ser una zona cosmopolita a epicentro de la violencia: “un hombre Kikuyu que vivía cerca de la iglesia incendiada me contó que la noche después de la elección una turba se formó a su puerta. Cuando su mujer y sus niños comenzaron a tener miedo, le dijo, no se preocupen, yo conozco a esta gente. Voy a hablar con ellos. Así que salió y le dijo a los jóvenes Kalenyin parados en el peldaño de la casa: Hola ¿qué es lo que pasa? Hemos sido amigos durante años. Pero la turba de Kalenyin lo miró fríamente y dijo hoy es hoy. Ya no eres nuestro amigo. Entonces quemaron todo lo que tenía”.

En Ultimas Noticias, Laura Weffer cuenta la historia de Luidig Ochoa: su cuerpo tiene 8 tatuajes, 15 disparos y varias puñaladas. Fue condenado a prisión en Venezuela. Su prontuario le permitió ubicarse como “lucero”, o lugarteniente de los jefes. En un cuaderno llevó un diario gráfico: Luidig sabe dibujar. Al salir, vendió su pistola para comprar una computadora y no sabía ni dónde se encendía. Ahora es el autor de una serie de animación que sube por capítulos a YouTube, llamada “Cárcel o Infierno”: tiene 7,5 millones de reproducciones y un extraordinario poder expresivo. Dice: “Tengo al loco de la ira amarrado”. La nota aparece en “Sucesos” y no en “Cultura”. Este es su canal. Aquí se muestra sólo el primer capítulo.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=rhmM_mqKBbk&w=420&h=315]

domingo, 28 de octubre de 2012

La Ilustración contra el Estado totalitario

Provea, Margarita López Maya: Estado Comunal desecha el sufragio  Smithsonian Magazine: Lapham’s Quarterly, tras el ideal de la Ilustración

En el blog de la organización de derechos humanos PROVEA, Margarita López Maya sintetiza lo que hay detrás de la consigna del Estado Comunal del gobierno venezolano. Los Consejos Comunales fueron mencionados por primera vez en una ley especial del año 2002, como instancias de la sociedad civil (pregunta: si es así, ¿cómo puede entonces crearlos el Estado?). Posteriormente pasan a ser abiertamente brazos ejecutorios del Poder Central, vinculados directamente al Presidente de la República. El Poder Popular no nace del sufragio “ni de elección alguna sino nace de la condición de los grupos humanos organizados con base de la población”. Pero la propuesta fue rechazada en referéndum el año 2007. Sin embargo, el gobierno venezolano, a través de la Asamblea Nacional dominada por el chavismo, la ha aprobado en forma ilegal. En 2009 una ministra de Hugo Chávez llamó en cadena nacional de medios radioeléctricos a que los Consejos Comunales se incorporaran a la campaña para aprobar la reelección indefinida a favor de Chávez y su partido. Escribe López Maya: “El Estado Comunal emergente desecha instituciones políticas de la democracia liberal, como el sufragio universal, directo y secreto, el pluralismo, la alternancia en el poder y la independencia y autonomía de los poderes públicos, acusando importantes tendencias autoritarias.”

Para Ron Rosenbaum, en Smithsonian Magazine Lewis Lapham y su revista Lapham’s Quarterly se enfrentan a la paradoja de la era digital, que por un lado pone a disposición todo el conocimiento humano, mientras por el otro lo ahoga en un caos de trivia y parafernalia online. “Goethe dijo que quien no pueda apoyarse en 3000 años de aprendizaje vive con una mano adelante y otra detrás”, sostiene Lapham. La revista trimestral fue creada hace cinco años “con la misión quijotesca de servir como un motor de búsqueda altamente selectivo del saber del pasado”. El método es sencillo: la revista tiene estilo monográfico, su detonante es la actualidad (el número corriente se llama “Política”, debido a las elecciones presidenciales en EEUU), y ofrece una curaduría de textos de distintas épocas alrededor del tópico. Siendo editor de Harper’s de 1974 a 2006, Lapham atrajo a escritores como Tom Wolfe, David Foster Wallace, y Chistopher Hitchens, e impulsó la escritura en primera persona. Tenía la idea de que esta forma podía ser “más, en lugar de menos verdadera”, “mostrando cuánto más artístico y exacto podía resultar escribir en primera persona”. Según Rosenbaum, Lapham es un hombre de la Ilustración, guiado por el ideal enciclopédico de Diderot, para el que Facebook encarna “muchas de las características de la Santa Inquisición. Me refiero a su capacidad de data-mining. O lo que tenía en mente Torquemada. Quiero decir, la NKVD y la Gestapo eran agregadores de contenido”.

jueves, 25 de octubre de 2012

Cuando falla la prensa (quedan los blogs)

No sólo con la palabra, John Manuel Silva: cuestionar a la mayoría.  Tracción de sangre, José Roberto Duque: Revolución Comunal  Venezuelan Politics and Human Rights: La cámara del eco

En su blog No Sólo con la Palabra, John Manuel Silva reivindica su derecho a cuestionar a quienes votan por el gobierno. La polarización en Venezuela se debería a un proyecto que pretende “pulverizar” a sus opositores. Esto implica no reconocerles, por lo que a su vez, estos encuentran “imposible convivir con quienes los gobiernan”. Los amigos chavistas serían capaces de visitarlo y hasta cuidarlo en el hospital si la Guardia Nacional lo reprimiera, pero incapaces de exigir que no lo repriman.  El chavismo es una mayoría que no cree en el derecho ajeno, que en lo personal quiere a sus amigos opositores, pero que no está dispuesta a abogar por sus derechos. “La paz”, sostiene Silva, “no viene de abogar por mis amigos, sino de hacerlo por mis enemigos, por quien desprecio, por quien me repugna”. El dato del texto se debe a Caracas Chronicles.

Para José Roberto Duque, en Tracción de Sangre, es falso que sólo  habrá revolución mientras el chavismo gane elecciones, y opone a la euforia electoral el trabajo cotidiano. Chávez es un aliado, pero la lucha estaría en las bases, especialmente en la creación del Estado Comunal. Esto tomará decenios, según Duque, con aciertos y errores. Una revolución no es un acto de gobierno, y no se puede por lo tanto pretender que sean los jerarcas quienes la hagan. Tampoco implica acabar con la oposición, porque un hipotético país donde todos sean chavistas se anquilosaría inmediatamente. Supone incluso que la oposición ganará algún día y entonces prevé represión y persecuciones, porque toda revolución es por definición “ilegal”, pero no por eso se detendrá. Tomado del blogroll de Mi Jaragual

En Venezuelan Politics and Human Rights, David Smilde encuentra dos elementos en el corazón del fenómeno de la polarización. El primero, una dualidad amigo-enemigo que penetra a extremos únicos la esfera pública. Enumera varios artículos tomados de El Universal como demostración de la “ensordecedora” exageración de una victoria inevitable de Capriles. Sin negar el carácter también falsificador de los medios públicos, los medios privados habrían contribuido grandemente al autoengaño opositor. El otro efecto, muy relacionado, sería el de la “cámara de eco”. La gente sólo se reúne con quienes tienen la misma opinión y se produce un “aislamiento de relaciones” que se manifiesta en ambos bandos. En Venezuela incluso las encuestas son polarizadas, con diferencias entre sí de hasta 30 puntos. Como ejemplo de estos dos efectos coloca a la encuestadora Consultores 21, que dio ganador a Capriles, y cuyos números insuflaban ánimo a la oposición, ignorándose datos como el sesgo de 20 puntos en el referéndum del 2004, y de diez en el de 2009. Una gráfica con el crecimiento de la oposición a lo largo de los procesos electorales ha debido ser leída con variables que la contradicen: incremento de la aprobación del Presidente, incremento de ingresos.

Una clara muestra de cuando la prensa falla, sea oficial o privada.

martes, 23 de octubre de 2012

Traidores y héroes, mártires y espías

The New York Review of Books: Contra Hitler desde la inteligencia militar. Letras Libres: la historia no contada de Roque Dalton.

La Alemania nazi estableció bajo una pátina de legalidad un sistema que apuntó a exterminar cualquier disidencia, utilizando el aparato estatal y público. En tales condiciones hegemónicas, la resistencia fue rara, según escriben Elisabeth Sifton y Fritz Stern en The New York Review of Books.  Pero el abogado Hans von Dohnanyi y su cuñado, el pastor protestante Dietrich Bonhöffer, lograron conspirar desde dentro de la contrainteligencia militar alemana, la llamada Abwehr. Dohnanyi entró en 1929 al Ministerio de Justicia; conoció desde el inicio los crímenes nazis y recopiló secretamente pruebas, guardándolas en una base militar en Zossen. Se acercó a los oficiales de la Wehrmacht que quisieron derrocar a Hitler para evitar la guerra en Checoslovaquia, pero el appeasement franco-británico entregó al país en 1938. Bonhoeffer mantuvo una notoria postura crítica frente al régimen y su intento de crear una iglesia protestante limpia de “elementos judíos”. Su mentor en EEUU, el teólogo e intelectual Reinhold Niebuhr, le ofreció refugio, pero regresó a Alemania: tenía que buscar la derrota de su país para salvar la civilización cristiana. Ambos lograron entrar a la Abwehr, librándose de la conscripción. La conspiración se intensificó con la invasión a la URSS en 1941 (“inicio de una barbarie organizada como Europa no había nunca visto”, escriben los autores) y la conferencia de Wannsee que lanzó la “solución final de la cuestión judía”. Dohnanyi y Bonhöffer lograron sacar a catorce alemanes judíos hacia Suiza, como agentes de la Abwehr. En 1943 fueron hechos presos, pero sus carceleros no lograron sacarles nada. Sin embargo, la Gestapo encontró los papeles de Zossen. Hitler, iracundo y al borde de la derrota ordenó su liquidación. Dohnanyi, enfermo y drogado, fue colgado en Sachsenhausen. Bonhoeffer, en el campo de Flossenbürg, con las tropas americanas respirándole en la nuca a los alemanes. Ambos sucumbieron al último espasmo asesino del régimen. Sesenta y siete años después, la hija de Niebuhr, Elisabeth Sifton, les rinde el homenaje de este artículo, por haber –como dijera Dohnanyi- tomado “el camino inevitable de toda persona decente”.

Charles Lane entrega un reportaje en Letras Libres sobre el caso del poeta salvadoreño Roque Dalton, fusilado por sus compañeros de armas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1975, tras un “juicio popular”. La acusación de que el poeta era un agente de la CIA se revela como falsa; documentos desclasificados registran que si bien fue presionado en 1964, siendo miembro del Partido Comunista de El Salvador, “el retrato de Dalton que de ahí surge no es ni traicionero ni heroico…no cedió al chantaje de la CIA, pero su comportamiento durante el interrogatorio no fue tan audaz como él mismo sugeriría más tarde”. Dalton sí habría sido agente, pero de la Dirección General de Inteligencia de Cuba, con el alias de “Juan Montenegro”. Un desertor lo describe como inteligente, pero dado a la bebida y a las mujeres. Los cubanos habrían instado al líder del ERP, Alejandro Rivas Mina, a aceptar a Dalton como asesor político; dado el carácter indisciplinado del poeta esto habría equivalido a buscar deliberadamente un enfrentamiento. “Para principios de la década de 1970, Dalton sabía más sobre el funcionamiento interno del Estado cubano que una década atrás, y su afición por la bebida y las mujeres había empeorado mucho”, sostiene Lane, y aventura: “De una u otra forma, por el riesgo que representaba, Roque Dalton estaba destinado a ser anulado. Y, el 10 de mayo de 1975, lo fue”.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Leitmotif

The New Yorker, Aleksandar Hemon: Cloud Atlas, obra a seis manos de los hermanos Wachowski y Tom Tykwer.                                                                        Nexos: Milan Kundera sobre Carlos Fuentes                                                                New York Times Magazine: David Mitchell sobre su novela llevada al cine.

En The New Yorker, Aleksandar Hemon entrega un reportaje que narra al mismo tiempo la creación de la película Cloud Atlas, dirigida por los hermanos Lana y Andy Wachowski, junto con Tom Tykwer, basada en la novela de David Mitchell, y la vida y carrera de los autores de The Matrix. Hijos de un hombre de negocios y una enfermera fanáticos del fine, los hermanos (son 4) crecieron viendo películas. Tras ver 2001 Odisea del Espacio (dos historias no conectadas: una en la prehistoria, otra en el futuro), de Stanley Kubrick, Lana (quien es transgénero y se llamó Larry hasta 2002) quedó intrigada con el monolito que de pronto aparece entre los homínidos. La respuesta del padre: es un símbolo, marcó su enfoque hacia el cine. Larry y Andy hicieron de su casa, y la vida en general, un campo de juegos y aventuras. Ya mayores, formaron una empresa de construcción y remodelaciones sin ser ingenieros; entre otras cosas, construyeron un foso de ascensor sin planos. De extendido sentido familiar, adoptaron a Tykwer como “hermano perdido”, luego de ver su película Lola Corre (una reelaboración de El Azar, de Kieslowski: dependiendo de si el protagonista logra tomar un tren, tendrá tres destinos, tres historias distintas). Puede ser una exageración de Borges haber escrito que acaso la historia universal sea la de unas cuantas metáforas, pero la idea se aplica al arte. El tema de The Matrix, la precaria separación entre mundo real y virtual, asemeja al de La invención de Morel, de Bioy Casares, y en ambas todo es obra de máquinas. De ahí, pasando por la impresión que una película con dos historias separadas provoca en unos niños, y la reelaboración de Kieslowski por Tykwer, se llega a las seis historias en distintos tiempos y espacios, de la novela Cloud Atlas, de la que Mitchell pensó: “es una lástima que sea infilmable”. Porque las tramas, que se relacionan por motivos recurrentes, se desarrollan cronológicamente hasta la mitad del libro y luego se invierten, de forma que todo comienza y termina en el siglo XIX. Tykwer y los Wachowski se retiraron a una casa en Costa Rica a escribir el guión. Desglosaron la novela por escenas, las anotaron en fichas de colores, las reordenaron cuantas veces pudieron. Sin éxito. Apenas el último día dieron con la fórmula. Es la misma de Terra Nostra de Carlos Fuentes, comentada por Kundera: “Una vida no basta. Se necesitan múltiples existencias para integrar una personalidad”. Un mismo actor pasaría a representar diferentes personajes, “actuando almas, no personajes”, según Tykwer.

En The New York Times Magazine, David Mitchell da (sin quererlo) una buena razón para leer el libro antes de ver la película: los actores encuentran matices insospechados la memoria del personaje original antes de ser encarnado desaparece, incluso para el autor que los creó. La estructura del tipo de matrioskas rusas de la novela dio paso a una de mosaico en la película: “no se le puede pedir al espectador que comience por sexta vez a ver la película luego de cien minutos”.

sábado, 13 de octubre de 2012

Elecciones en el cuartel

El Nacional, Colette Capriles: en Venezuela triunfó el conformismo conservador.                                                                                                               ProDavinci, Ana Teresa Torres: la fuerza de la tristeza                                    Clarín, Jorge Lanata: Venezuela es un cuartel                                                                   El País, Jorge Castañeda: la oposición atrapada                                                              Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, José Natanson: la reelección, canto de sirena.

Hugo Chávez, inventor de la reelección perpetua, ha sido elegido por cuarta vez presidente en Venezuela para lo que será un total de veinte años por lo pronto. En El Nacional, Colette Capriles encuentra en su triunfo un escándalo: la impostura del carácter democrático y de izquierdas de su gobierno, y la pérdida de la república como “motivo de regocijo internacional”. La oposición, una “enorme minoría” congregada tras el candidato Henrique Capriles, que apostó por la unidad, la modernidad y el cambio, quedó sepultada bajo la hegemonía de una mayoría circunstancial y conservadora. Triunfaron la denigración del otro y el conformismo conservador. Pero cada quien es responsable por sus decisiones.

En ProdaVinci Ana Teresa Torres sostiene que la oposición había desterrado la duda en su campaña, minimizando al adversario y menospreciando a sus seguidores. Habría insistido “en verlo derrotado por nuestros propios deseos”. Torres reivindica la necesidad de la tristeza, o la depresión, y llama a no negar esos sentimientos: la fuerza de la resistencia estaría precisamente en que exige el estado de desoladora espera que toca a los derrotados (ya catorce años en su caso). No hay consuelo para muchos de ellos. Por lo mismo, la tentación de saltarse el obligado duelo es grande: “Duelos congelados por negados, esos sí que tardan en pasar. Una buena manera de saltarse el duelo es la del que dice, yo no he perdido, es que me robaron. O la de, yo más nunca voto, eso no sirve para nada”. Para dar una idea de la pérdida sufrida, Torres recuerda que “Freud definía la melancolía como la reacción ante la pérdida de un ser querido o su abstracción equivalente, y entre esas abstracciones equivalentes precisamente mencionaba la patria y la libertad”.

En Clarín, Jorge Lanata hace una crónica del día de las elecciones. Es predecible (vivió bajo la dictadura militar argentina) la incomodidad que le produce el toque de diana chavista a las 3am para despertar a los votantes: Venezuela es un gran cuartel. Una gran grieta lo divide; la división sería no sólo política sino cultural, y perdurará como sucedió en Argentina con el peronismo. Cuando el mayor diario titula: “El voto es secreto”, algo debe estar muy mal.

Jorge Castañeda resalta en El País que durante la campaña el Estado en su totalidad apoyó a un candidato: Chávez. El mismo arbitro electoral habría instrumentado una buena dosis de miedo a los votantes, sugiriendo que el voto pudiera no ser secreto. La oposición tuvo que lidiar con la naturaleza inimaginable de una derrota chavista: nadie podía concebir que el caudillo perdiera, o aceptara su derrota. “No tuvieron más remedio, la oposición y Capriles, que contender y poner la mejor cara ante una situación prácticamente imposible. Abstenerse, como en el pasado, implicaba condenarse a la marginación y a la impotencia; participar denunciando la inequidad de las reglas y de los recursos equivalía a un suicidio electoral: ahuyentar a los partidarios y contender en las condiciones existentes garantizaba la derrota. No había buenas salidas; la menos mala fue la elegida por la oposición”.

En Le Monde Diplomatique edición Cono Sur, el editorial de su director José Natanson se inscribe en el debate sobre la reforma constitucional de Argentina. Estudia las virtudes y defectos de los sistemas parlamentarios o presidencialistas para América Latina, y encuentra que el presidencialismo se ha revelado como sorprendentemente flexible al momento de superar crisis institucionales. En cuanto a la reelección presidencial, destaca que “Venezuela es hoy el único país latinoamericano que –a excepción de Cuba– no contempla límites institucionales al ejercicio permanente de poder”. A quienes –como Ernesto Laclau- defienden la reelección indefinida como ejercicio pleno de la soberanía popular, Natanson enfrenta el argumento de que el poder del pueblo no puede ser absoluto (el pueblo no puede torturar a los presos, por ejemplo), y por lo tanto necesita contrapesos: “En otras palabras, la democracia supone tanto la elección libre de un gobierno como la limitación del poder de ese gobierno”, escribe. “El debilitamiento de los límites al poder –entre los cuales el que fija un plazo determinado para su ejercicio quizás sea el más crucial– puede atenuar o incluso poner en riesgo el componente republicano de la democracia”. A diferencia de la “democracia plena”, en la que todos los partidos pueden perder las elecciones, sería lo que Andreas Schedler llama “autoritarismo electoral”, en el que siempre pierden los partidos de oposición.

jueves, 4 de octubre de 2012

Vuelta al futuro

The New York Times Magazine: The Inspiration Issue. La Jetée, obra seminal; el cine, máquina del tiempo. Looper de Rian Johnson. Los trabajos de Junot Díaz.                                                                                                                            Fernando Mires: Capriles está a la izquierda; Chávez, a la derecha.

En The Inspiration Issue de The New York Times Magazine, A.O. Scott hace notar que el cortometraje La Jetée, del recientemente fallecido Chris Marker, ha inspirado más películas –el remake Twelve Monkeys, Back to the Future, por nombrar un par- que cualquier comic o libro fantástico. La razón: su argumento circular es un viaje en el tiempo: “Según las leyes de la física, y los principios de la filosofía, el viaje en el tiempo es imposible. Marker demostró, con sus sugestivas imágenes y su lacónica narración en off, que para las películas es irresistible, incluso esencial”. El mejor homenaje que se le ha hecho en estos dos meses.

Adam Sternbergh explora las fuentes de Looper, de Rian Johnson: en el año 2044, un asesino a sueldo recibe sus encargos desde el tiempo futuro, hasta que un día tiene que eliminarse a sí mismo. Un viaje en el tiempo en el que encuentra a La Jetée, por supuesto: “no estaba en mi mente”, le dijo Johnson, quien evitó buscar referencias de viajes en el tiempo, “pero estaba”. El catálogo prosigue con un autor muy estimado por Marker, T.S.Elliot, Macbeth (según Johnson es un viaje en el tiempo, porque las brujas, al predecir a Macbeth lo que sucederá, hacen que suceda. Si es así, muchas tragedias son máquinas del tiempo). La pregunta esencial, e imposible sería: “¿Si pudieras viajar al pasado, regresarías para asesinar a alguien como Hitler?” Pero para Johnson la verdadera cuestión es: “¿sirve de algo solucionar el problema encontrando al culpable y matándolo? ¿No se crea así más bien una espiral de violencia que se perpetúa a sí misma?"

Sam Anderson habla del "lento metabolismo" creativo de Junot Díaz: su libro de historias cortas This Is How You Lose Her es el primero en cinco años, y apenas el tercero de su carrera. Es, según Anderson, excelente. Díaz sostiene que su crítico interior es excesivamente severo, lo cual “es un defecto de carácter”. Pero es un gran lector: “mi único superpoder. Leo un libro por semana”. Habla abiertamente de las historias que fracasaron: una en la que demoró seis meses, otra en la que demoró un año y cien páginas, otra más, de cincuenta páginas que acabaron en el cesto. De las historias que llegaron al libro dice que Miss Lora fue fácil. Y The Cheaters Guide to Love casi lo mata.

En su blog, Fernando Mires ve a Venezuela ante un nuevo comienzo con las próximas elecciones del 7 de octubre. Según él, el candidato opositor Henrique Capriles ha logrado conjugar en su discurso la dimensión de la lucha por las libertades democráticas y la dimensión de la lucha por la justicia social. En su forma de ser “descriptiva”, sería el suyo el verdadero discurso político; el del presidente Hugo Chávez, sería antipolítico. Los temas de Capriles, según Mires, son tradicionalmente patrimonio de las izquierdas socialistas: el progreso, la sociedad multicolor, la modernización económica. Los temas de Chávez son patrimonio de las más rancias derechas del continente: las glorias militares, el nacionalismo, discusiones racistas sobre el rostro de Bolívar. Una vuelta al pasado. Se entiende entonces que el actual presidente haya dicho en la actual campaña que quien no es chavista no es venezolano. La respuesta de Capriles pudiera ser una posibilidad de futuro: no es el presidente quien decide quiénes son los venezolanos; son los venezolanos quienes deciden quién es el presidente.

domingo, 30 de septiembre de 2012

El atajo de la palabra

Neue Zürcher Zeitung: Hitler, de la palabra a la acción                                      The Daily Beast: Borges, el inmortal                                                                            CBS, 60 Minutes: la memoria infinita

Marcel Reich-Ranicki, sobreviviente del gueto de Varsovia que se convertiría luego en el oráculo de la literatura en la lengua de sus victimarios, le llamó “el más grande orador en lengua alemana”; Thomas Mann le atestó una “elocuencia indeciblemente inferior pero efectiva para las masas”. Ambos son citados por Jörg Fisch en el ensayo para la Neue Zürcher Zeitung, en el que destaca la particularidad histórica de Adolf Hitler: a diferencia de otros criminales conquistadores (César, Napoleón, Lenin, Tamerlán, Gengis Khan) lo distingue, más que el uso de la violencia, su fracaso en alcanzar el poder por medio de la fuerza. Al caer preso luego del putsch de Munich se dio cuenta que su única arma era su facilidad para hablarle a las masas. Aunque no era bueno escribiendo, su éxito se debió a su talento demagógico, eficaz gracias a su histrionismo y el dispositivo escénico que desplegaba. En lugar de los actos irrumpió la palabra, que es la que hizo posibles los actos. Esto significó, en relación a sus predecesores, a los cuales superó en fuerza destructora, un cambio esencial de la fuerza bruta a la agitación política. El poder que alcanzó de esta forma se reveló como más resistente que el basado en la pura violencia. Pero sólo podía hacerlo en el ámbito de su lengua; la dominación del mundo vendría por la fuerza. Tomando el atajo de la palabra, el fracasado hombre de acción logró convertirse en victimario.

The Daily Beast presenta un extracto del ensayo sobre Jorge Luis Borges y su cuento Funes el Memorioso, del escritor bosnio Alexandar Hemon, que aparecerá en el libro de The Paris Review: Object Lessons: The Paris Review Presents the Art of the Short Story, a partir del 02 de octubre. El volumen contiene veinte ensayos de veinte escritores sobre otros escritores. Para Hemon, la obra de Borges pertenece a una tradición de literaturas cósmicas: la Biblia, la Iliada, la Divina Comedia, Ulysses. Común a todas sería la certeza de que todo el universo puede ser contenido en la palabra. Sería totalmente imposible conceptualizar la existencia humana sin la literatura. Funes, el memorioso, que recuerda en detalle cada día de su vida, se encuentra por lo mismo incapacitado de pensar y comunicar. Borges sugeriría que el olvido es imprescindible para que pueda existir el pensamiento y el lenguaje: “la necesidad esencial de olvidar bloquea la posibilidad misma de contenerlo todo, pero sin el olvido tal ambición no sería posible en absoluto”, sostiene Hemon.

Una visión más prosaica del tema la presentó hace dos años el programa  60 Minutes de CBS, realizado por Lesley Stahl: Endless Memory. Aquí ya no se trata de ficción literaria, sino de seis personas en los EEUU que pueden recordar perfectamente cada día de sus vidas. No necesitan del olvido para poder pensar, pero el sentimiento de soledad no les es ajeno; en el reportaje se revela de forma sorprendente cuando todos se conocen por primera vez, y es como si lo hubieran hecho durante años. Entre las cosas que descubren los científicos al estudiarlos, está la tendencia al Desorden Obsesivo-Compulsivo, algo que tal vez tengan también los bibliotecarios. Pero acaso lo más insólito sea que la propia periodista Lesley Stahl no haya encontrado al principio nada de extraordinario en este don; su amiga Marilu Henner, actriz de la serie Taxi de los años 80, con Danny De Vito y Judd Hirsch también lo posee, y por ello le pareció algo perfectamente natural.

martes, 31 de julio de 2012

La levedad de los hechos


Últimas Noticias, Díaz Rangel: la CIDH reconoció al gobierno de Carmona en 2002.
Prodavinci, Carlos Ayala Corao: la Comisión nunca reconoció al gobierno de Carmona en 2002.
UDD, Chile: la Comisión está penetrada por la izquierda latinoamericana.
Venezuelan Politics and Human Rights, Iñaki Sagarzazu: análisis técnico e histórico de encuestadores y resultados electorales en Venezuela.

En Venezuela los hechos pesan menos que las interpretaciones. Hasta las encuestas varían a extremos sorprendentes, desde las que sugieren un triunfo del presidente Hugo Chávez hasta por 30 puntos de ventaja en las próximas elecciones, a las que insinúan un triunfo de Henrique Capriles Radonski por estrecho margen. En Ultimas Noticias, el diario de mayor circulación en ese país, su director Eleazar Díaz Rangel se pregunta cómo es posible que incluso las encuestas que dan ganador a Chávez arrojen, a pesar de esto, todas resultados extremadamente distintos y contradictorios. “Deberían, en lo fundamental, coincidir”, sostiene, y considera que las encuestadoras deben una explicación. Un análisis más detallado y técnico lo ofrece Iñaqui Sagarzazu en el blog Venezuelan Politics and Human Rights, en el cual consolida las distintas encuestas de procesos electorales desde el año 2004 y los resultados reales. Sin que sus conclusiones deban tomarse como definitivas (son, a fin de cuentas, encuestas), es una útil herramienta en una esfera pública enrarecida.
Díaz Rangel prosigue su columna razonando a favor de la medida del gobierno venezolano de retirarse del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH), cuyos dos pilares son la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH, en adelante, la Comisión), y la Corte Interamericana de Derecho Humanos (CIDH, también, en adelante CIDH). La identidad de los acrónimos ha producido una constante confusión en la prensa en castellano (y cables de agencias) de la cual no se libra la columna de Díaz Rangel. Sostiene que la Corte condena a Venezuela por haber privado de libertad a Raúl Díaz Peña, sentenciado en Caracas por actos terroristas. “Lo absuelven y ¡obligan a Venezuela a pagarle 15 mil dólares por poner esas bombas!”, afirma. En realidad, la sentencia de la CIDH (aquí un resumen de dos páginas), si bien ordena entre otras cosas la indemnización “por la violación del derecho a la integridad personal y por los tratos inhumanos y degradantes”, a los que habría sido sometido, desestima la demanda de violación del debido proceso por no haber Díaz Peña agotado las instancias nacionales, y no lo “absuelve” de los cargos en su contra. No se pronuncia al respecto.
Según Díaz Rangel, la CIDH estaría sesgada en contra del gobierno de Chávez, por haber dictado unas 14 sentencias por violaciones a los derechos humanos (“supuestas o reales”, escribe), mientras habría ignorado los abusos perpetrados en épocas anteriores: por ejemplo, para la Corte no habrían existido “los centenares de muertos durante el Caracazo” (sin embargo, aquí, la sentencia en el caso, llamado en inglés: El Caracazo Case, condenando al Estado venezolano). Y en su análisis olvida que la Corte conoce de casos que le son presentados, no actúa de oficio.
También dice que la CIDH (¿Corte? ¿Comisión?) fue el único organismo internacional en reconocer al gobierno de Pedro Carmona en 2002, durante el golpe de Estado contra Chávez. Pero en Prodavinci, Carlos Ayala Corao, quien fuera miembro de la Comisión, sostiene que el propio Chávez habría agradecido a la misma la tramitación de medidas cautelares para él y otros personeros de su gobierno en esos días. El canciller venezolano criticó recientemente que la Comisión se hubiera dirigido en aquél momento a Carmona en términos respetuosos y deferenciales, pero Ayala Corao replica que actuó a instancias de ONG venezolanas de derechos humanos, como Provea y Cofavic, para proteger a personeros del gobierno chavista, y que las cartas también han sido dirigidas a Pinochet o Videla, o a Micheletti, para proteger la integridad de personas en peligro, sin que a nadie se le ocurra por eso que la Comisión reconozca gobiernos de facto.
Concluye Díaz Rangel argumentando que Venezuela no estaría haciendo sino lo mismo que EEUU, que “escapa a la jurisdicción de esos organismos” (en Prodavinci Ayala Corao expresa lo contrario) “y no es porque en ese país no se violen los derechos humanos. Basta señalar las torturas en su prisión de Guantánamo”. (Amnistía Internacional explica que el SIDH ha expresado la necesidad de que EEUU legalice el status de los detenidos de Guantánamo, en una carta en la que la ONG manifiesta su preocupación ante la posición de Venezuela).
José Francisco García y Sergio Verdugo, en un paper de la Universidad del Desarrollo, Chile, (cita tomada de Wikipedia) argumentan también contra el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Sostienen en esencia que sus doctrinas promueven la uniformidad interpretativa y no respetan (a diferencia de la Corte Europea de Derechos Humanos) el principio de deferencia debida a las realidades jurídicas y políticas de cada país. Es una variante del argumento de la soberanía nacional, esgrimido por el gobierno de Chávez, considerado de izquierda.
No deja de ser curioso entonces que los autores del artículo postulen la probabilidad, que admiten no haber podido demostrar aún, pero les inquieta, de que el SIDH sea “una institución que ha sido capturada por la izquierda latinoamericana”. Pero no llegan a proponer que Chile se retire.